La autobiografía de un personaje siempre es motivo de atención y más todavía si te atrae saber qué le pasó a esa persona popular o que triunfó en su vida pasada. Son gente de la farándula o famosos donde se desnudan con sus vicisitudes pasadas. En ocasiones, personal anónimo o con una fama escasa porque falleció en su adolescencia o se suicidó o la suicidaron. Son muertes que quedaron en la oscuridad como sucede en esta ocasión también hay un cierto morbo saber qué le pasó para llegan a un fin tan absoluto. Así, en "La última noche de Sandra M." de Borja de la Vega, ya desde el inicio, nos marca que cuenta el último día de esta chica Sandra Mozanovsky ( vivió entre 1958 y 1977 y su biografía la encasilló en el cine del destape que era lo que se hacía entonces, pero con una historia oscura detrás), interpretada por Claudia Traisac, antes de precipitarse hacia la calle desde su terraza. Avisa, en los primeros créditos, de que no se ciñe a una realidad, sino que se aproxima a lo que sucedió.
Por lo tanto, el espectador, con los datos que aparecen deberá hacerse una idea real o inventada, pero con una muerte de por medio que no tiene nada de ficción. Ella es una adolescente de dieciocho años y da la sensación de estar feliz con su madre, luego eso no parece que sea un motivo para quitarse la vida, pues su posición social es alta ya que su padre es un ingeniero electrónico y diplomado soviético. Su idea, lo dice en una entrevista a la revista Semana, era irse a Londres para estudiar interpretación de inglés.
Luego acabar el bachillerato y dejar de hacer mierdas del destape que siempre se ha de desnudar. Llegado a este punto, sin tener más datos, se llega a la conclusión de que la adolescente pasaba por una crisis existencial y se suicidó. Sin embargo, las posibles noticias de una relación con el rey emérito Juan Carlos I de España cambian completamente el sentido de la trama. Así, se abren infinidad de preguntas sin responder y las continuadas intromisiones detrás de la puerta toman un sentido más real, ya que pudieron ser un acoso y derribo de los servicios de inteligencia contra la joven por la relación con el rey. Así, se abre el melón de la duda de saber si la caída al vacío fue un accidente o un asesinato, ya que estaba embarazada y a saber si era del propio monarca. Esto destapa un abanico de posibilidades diferente al que uno se puede hacer sin conocer la trama oculta. En fin, la intriga y la atención de la película está en ver si esas últimas horas y la interferencia del rey tuvieron influencia en su decisión final de acabar con su vida.
Título original La última noche de Sandra M.
Año 2023
Duración 87 minutos
País España
Dirección Borja de la Vega
Guion Borja de la Vega
Música Marc Durandeau
Fotografía Martín Urrea
Reparto Claudia Traisac, Nuria Prims,
Georgina Amorós, Nicolás Lloro,
Pep Ambrós, Beatriz Arjona,
Olaya Caldera, Rafa Castejón,
Ramón Pujol, Manu Imizcoz.
El baño de la joven del inicio es largo, pensativo. Posteriormente, se mira la barriga y se sube al peso para comprobar el aumento de su barriga. Está embarazada. Esta es la clave de la trama. La primera conversación de su madre se aprecia que no acaba de estar conforme con la vida que lleva. Eso de hacer pelis de destapa no es una carrera de largo recorrido. La empuja a que quede con su amiga de siempre como si temiera que con esa profesión se va a descarrilar. La joven le comenta que con ella se aburre, pues siempre le explica lo mismo: que si su chico esto, que su traje de boda, puro aburrimiento. No le interesa nada. Ese día, que en teoría va a ser su último, su madre se marcha y le insiste para que la acompañe. Luego tienen una entrevista con los periodistas de la revista Semana y les dice que ya se ha acabado de desnudarse. El reportero le insiste si no está un poco llenita en referencia a su embarazo y ella lo niega. Es una conversación distendida con el cigarrillo en la mano y fumando sin cesar que hoy no veríamos. En principio, no hay motivos aparentes para un desenlace fatídico: una entrevista cordial, un mensajero que se le acerca con la intención de ligar sin más y unas llamadas de teléfono sin que contesten al otros lado. Esto último es lo que más mosquea a la protagonista. Por mucho que intente tranquilizarse con la visita de una amiga, donde le da a la bebida y a las pastillas. Hablan sin cesar. En su cabeza está el suicidio, ya que dice que su hija se llamará Adela como la protagonista de "La casa de Alba" de Lorca que todos sabemos que es la hija revolucionaria que se rebela contra su madre y si no quieren que sea libre pues se quita la vida. A su marcha, de la amiga, empiezan las hostilidades. Así, por ejemplo, su estado de ansiedad se complica en el momento en que le pica a la puerta un tipo sospechoso y ella no le quiere abrir un tanto histérica. De pronto, se encuentra muy nerviosa. Aquí el drama se palpa en el ambiente en la crisis que se ve venir, por su estado de ansiedad porque no resulta tan sencillo dar un giro a una vida de estrella con proyección y la decisión de pasar otra vez a la zona del anonimato. De la misma manera, los demonios que lleva en su cabeza y pican de nuevo a la puerta para aconsejarla aquello qué debe hacer. Llegados a este punto, la película lanza suficientes pistas como para, una vez leídas historias que circulan por ahí, en los periódicos, que todo lo pensado se deje de banda y dé un giro de ciento noventa grados con las sospechas y empieza a aparecer la palabra conspiración contra su persona. Así, los matones que pican a la puerta podrían ser enviados de la guardia real para cargarse a la joven; la llamada telefónica persistente es del monarca que desea una solución rápida ante el marrón que se le viene encima: un bastardo real. La conversación que mantiene posteriormente lleva sin lugar a dudas hacia ese personaje de la realeza, Juan Carlos I, que se supone está al otro lado: "que si te he visto por la televisión y estabas triste", "que si eres muy alto y demasiado apuesto", "que si me comentaste que estabas muy mal y me amabas". Todo apunta ,con referencias más que evidentes, de que el rey era el amante que hablaba desde la otra línea con la joven actriz. En definitiva, la angustia del espectador está en la proyección que demuestra el personaje junto a su amiga de las cantidades de cosas que van a realizar en el futuro, cuando sabes que eso es imposible porque va a terminar con su vida, de un momento a otro, aplastada en el asfalto de forma sospechosa. Así, los proyectos son humo que se va a esfumar sin remedio alguno y la maleta preparada encima de la cama para un viaje que no necesita equipaje. Por si faltara poco entretenimiento, entra en juego la hipótesis del asesinato.
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