"La chica de la aguja", seleccionada para los Óscar como mejor película Internacional, de Magnus Von Horn ( director de "Después de esto") se inicia con unas escenas desesperantes por parte de una chica con su casero que la invita a marcharse del piso porque no paga el alquiler. Pese a su tozudez de no abandonar, el dueño invita a Katerine, interpretado por Victoria Carmen Sonne, a que abandone la vivienda.
Con un blanco y negro, ese tono de miseria que le da el contraste del negro con el gris o el blanco de la nieve, donde destaca la cutrería de las personas en una situación límite. Se sitúa en un tiempo justo cuando acaba la Segunda Guerra Mundial. La trama ya se posiciona en medio del drama de esa mujer que se ve obligada a largarse directamente a la calle. El edificio donde vive está desconchado en las últimas y contrasta con la nueva inquilina que se ve de buena familia. Así las cosas, los personajes están abatidos por una especie de brusquedad o una necesidad de imponer su criterio en un momento delicado, incluso a la fuerza si fuera necesario. Ese mundo abatido y perdido aplasta cualquier ilusión de las personas. Así pues, la desgracia se inicia en el minuto uno y continúa cuando se enamora de un rico- el dueño de la empresa textil donde trabaja- que la deja en la estacada y embarazada.
La aparición de su marido monstruoso por un cañonazo de guerra en todo el careto- que recuerda "El hombre elefante" de David Lynch, recién fallecido- son parte del mapa de la vida de esa chica desgraciada y con un embarazo no deseado a cuestas. A partir de la mitad en adelante, por si faltaba más drama miserable, ya se desencadena la trama del tráfico y asesinato de bebés.
Finalmente, esa chica es de la aguja porque trabaja en una empresa de confección ( rompen agujas por un tubo, porque realizan trajes de guerra con telas fuertes) y allí pasará parte de su vida, pegada a una máquina de coser y por si fuera poco lo que le sucede fuera, aquí también soporta el despotismo del encargado de la empresa. El drama de las clases sociales se ceba sobre la chica sin aguja, junto con la maldición de conocer a una asesina en su camino.
Título original Pigen med nalen
Año 2024
dirección 115 minutos
País Dinamarca
Dirección Magnus von Horn
Guion Line Langebek Knudsen
Magnus von Horn
Música Frederikke Hoffmeter
Fotografía Michal Dymek
Reparto Victoria Carmen Sonne,
Trine Dyrholm, Besir Zeciri,
Joachim Fjelstrup,
Soren Saetter Lassen,
Tessa Hoder, Ava Knox Martin,
Thomas Kirk, Dan Jakobsen.
El inicio es mugriento: un edificio que se cae de viejo por culpa de las calamidades de la guerra y un casero grosero y violento con su inquilina que la quiere echar a patadas. La mujer quiere quedarse a toda costa e intenta pagar su alquiler con lo poco que tiene, pero el dueño no acepta. Por eso, la mujer intenta ahuyentar a la nueva inquilina comentando que hay ratas y por la noche te comen los pies. La chica de la aguja, que esa es su profesión, vivir pegada a la máquina de coser, busca un piso acorde a sus ingresos. Así, pasa de un piso con desconchones a una especie de granja sin muebles. En esa covacha que no vivirían ni las gallinas, con un charco de la lluvia en medio de la habitación y mugre por todos lados, no hay siquiera agua para lavarse. Más miserable no puede ser y las necesidades biológicas las hace en un cubo. Esa chica está desesperada y no le conceden la viudedad porque su marido ha desparecido en la guerra y estará en cualquier cuneta, pero sin el certificado de defunción no se lo dan. No hay manera de saber nada de él, cuántos soldados desaparecidos sin registrar su defunción. Así, la joven con su precariedad, no le faltarán pretendientes y el dueño de la fábrica en cuanto puede ya le tira los tejos. Acepta el compromiso y en cualquier rincón ya se ponen a follar. Karolina recibe una visita imprevista, la de su esposo con una careta. Se supone que lleva la cara deformada. Le hubiera gustado más encontrárselo muerto que en esas condiciones. Le confiesa que está embarazada y que creía que estaba muerto. Así, mejor que desaparezca de su vista. La joven está embarazada del dueño de la empresa y le pide casarse con él. Accede, pero la duquesa, madre del joven, se niega a esa unión. Por lo tanto, consigue lo contrario a lo que deseaba: marcharse con uno más en su barriga y, al mismo tiempo, ser despedida de la fábrica. Su situación llega al límite y con sus medios no le queda otra que intentar abortar en unas condiciones penosas. La salvará una mujer que será su perdición en el resto de la cinta, porque le da su dirección para cuando tenga el niño si es que quiere deshacerse de él. El reencuentro con su marido, monstruo de feria de un circo, no mejorará en nada su penosa vida hasta ese momento. Seguimos con imágenes difíciles de digerir como un parto encima mismo de las hortalizas, frutas o lo que sea que está recolectando, con la mirada atónita de los trabajadores y una mujer que la ayuda a parir, allí mismo encima de las patatas o lo que sea. En fin, es una cinta triste, un dramón donde se quiere resaltar la miseria y la crisis que se vive en ese momento. Mas si cabe siendo mujer y con un embarazo no deseado a cuestas. Finalmente, pasa todas las miserias de la vida, sencillamente por ser una pobre desgraciada sin más culpa que haber nacido miserable como la mayoría del personal de esa época. Es una película cargada de violencia por la precariedad del momento en que se vive y las desgracias de las muertes de bebés. Solo falta que al final nos digan que es verídico, para más colmo.
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