miércoles, 19 de marzo de 2025

Rita


La cámara recorre lentamente una habitación. Pronto vemos que estamos en zona de niños por los juguetes por el suelo, las libretas, canicas y por fin pasa de lejos de un niño para llegar a la litera superior donde duerme una niña. "Rita", así se llama ella y la peli, de Paz Vega se inicia con la descripción minuciosa de la habitación de los niños y lo hace a ras de suelo como si quisiera mantener el objetivo a esa altura, justo desde donde ven los niños el mundo.



 De esa litera baja la niña se encamina al baño y con esto ya nos ha dado bastantes claves que estamos ante una familia de clase media baja, no acomodada porque duermen los dos hermanos uno encima del otro. Así, como el centro de atención está puesto en la niña, los padres aparecen de cintura hacia abajo. Por lo que muestra la cámara que son los ojos de la niña, por eso los adultos salen fuera de plano, con un papel secundario, pese a que influyen y mucho en su vida. 



Estamos, sus padres, ante una pareja tradicional de los años setenta; taxista él, protagonizado por Roberto Alamo que apenas se le ve la cara y sí la brutalidad de su comportamiento machista con gritos y malos modos, junto a la madre, una ama de casa, protagonizado por la propia directora Paz Vega, que puede ser autobiográfica de la propia directora alrededor de los años ochenta por la mención de la legalización del divorcio. En ese ambiente autoritario del padre, Rita se plantea por qué siempre hay que hacer caso de lo que diga su padre. La historia relata, por tanto, ciertos aspectos que quedaron en la retina de la infancia de la directora y los revive en la cinta.  



En fin, se muestra la infancia de la niña desde un punto de vista cercano a esa mirada infantil desde la sensibilidad de los juegos sencillos, caricias, perfumes. Y como colofón, después de un final trágico, se veía venir, la música de  "Todo pasará" de Matt Monro que debe recordarle un tiempo pasado.

Título original Rita

Año                 2024

Duración         94 minutos

País                 España

Dirección.        Paz Vega

Guion.              Paz Vega

Música             Pablo Cervantes

Fotografía.       Eva Díaz

Reparto            Sofía Allepuz, Paz Vega,

                         Roberto Álamo, Amada Santos,

                          Paz de Alarcón, Daniel Navarro,

                           Margarita Asquerino,

                           Enara Prieto, Beatriz Cotobal

                           Alejandro Escamilla




La mirada de la niña es la mirada de la cámara, por lo tanto, vemos la situación desde esa perspectiva: de abajo hacia arriba. Los acontecimientos se suceden abruptos, es decir, pasan las cosas, casi siempre dramas o enfermedades que los niños, sus hijos, se enteran a medias, porque sufren las órdenes de ir de un lado a otro sin apenas saber qué es lo que está pasando. La historia se va construyendo por medio de pequeños detalles u objetos que van apareciendo concienzudamente al paso de la cámara. Así, por ejemplo, sabemos que el padre es taxista porque se muestra la placa de libre colocada hacia adentro, es decir ocupado. El padre típico, un machista, porque hace callar a su madre y se cabrea constantemente y oye fútbol por la radio. Va a su puta bola y si no hacen lo que él quiere se cabrea. La niña y su hermano son como peonzas que ruedan de un lado a otro sin más explicación. En esa casa, el marido es el que lleva los pantalones y la pasta diaria a casa con la que subsisten y la madre carga con los niños de aquí para allá. Él se encarga de protestar y de recriminar cualquier cosa que sucede dentro como un perro que no para de ladrar. Se ve el cansancio de la mujer que ya está hasta los ovarios de aguantar a un marido renegón. Y el machismo del marido que apenas aparece con una presencia física, sino con su voz de cabreo por no haber metido las cervezas en la nevera. Así, el mundo de los adultos aparece como un mundo oscuro de renegones y cabreados, de amargados y con problemas, distinto y distante al de los niños, en general son felices con ganas de jugar y pasárselo bien. Pero esos desquiciados papás que amargan la existencia de los infantes, ya se encargarán, con sus paridas, de joderles la existencia. Finalmente, la actriz, ahora de madre, y directora saca a la luz su infancia desde lo más profundo de su ser y le da un tono de naturalidad y sencillez que causa cierto encanto. Y la inocencia de los niños frente a aspectos tan profundos como la religión con un final trágico para esa niña inocente. Eso.

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