Mady, interpretado por Jonathan Feltre, es un cerrajero nocturno que se dedica a dar servicio a aquellos despistados que se olvidan o pierden la llave, luego va el tipo y en un pis pas la abre.
"La noche eterna" de Michiel Blanchart se desarrolla en forma de thriller estresante en el momento en que el cerrajero le meten en una emboscada. Es decir, lo llama una chica, y él se asegura de que el piso es suyo, pero da la casualidad que tanto el DNI como la pasta que cobra está dentro de la vivienda. La confianza le puede gastar una mala pasada en el momento en que la chica sale por piernas alegando que le va a sacar la pasta del banco y que el DNI lo tiene encima de la mesa, pero su sorpresa salta cuando un tipo joven irrumpe en el piso y le pregunta que qué hace en su casa, con lo cual empiezan las hostias sin preguntar más. Ese es el inicio trepidante de una noche larga y penosa. Así que se ve metido en una banda de mafiosos liados con la droga.
Y caer en la red de esos tipos, que le van a pedir cuenta del dinero robado que no tiene ni idea, le va a resultar casi imposible. Recuerda, con sus diferencias claro a "Jo, ¡qué noche!" de Martin Scorsese, pero nada que ver, me quedo claramente con la última. En fin, un thriller de matones sin escrúpulos que se cepillan a todo bicho que se les cruce en su camino. Se quedará en el olvido rápido.
"Homo Argentum" de Mariano Cohn y Gaston Duprat ( atentos en meter el dedo en la llaga entre hombres poderosos y humildes como sucedá en "El hombre de al lado" un tipo corriente se las tiene con un ricachón que vive al lado de su casa y pretende abrir una ventana; en otras ocasiones, "El ciudadano ilustre" se centra en un escritor famoso que se mete en la boca del lobo en el momento en que sus paisanos quieren hacerle un homenaje; ante todo pretende hacer reír como en las series excelentes "Nada" y "El encargado" ). Aquí, el actor Guillermo Francella, Francella y mil Francellas se da un festín de personajes diferentes. Son micro relatos de unos minutos donde el actor se mete en el papel de varios individuos casi todos ellos patéticos. Se cambia el traje, se coloca bigote, otras gafas y el camaleónico actor lo clava. La idea central es mostrar unos comportamientos, en muchos casos, deleznables. Sigue de la siguiente manera:
1 "Aquí no ha pasado nada". Francella el enterado. En una conversación entre amigos se las da de sabio. Su actuación no es coherente con su discurso.
2 "Noche de suerte". El actor se mete en la piel de un vigilante. Es el mismo personaje que podría salir de la portería en la excelente serie "El encargado" de los mismos directores. En este caso un tanto cándido.
3. "Piso 53" se viste de empresario. Se topa con una joven que lo quiere engañar y quitarle la plata. La idea buena, pero un final torpe.
4. "Bienvenidos a Buenos Aires". El personaje pasa de ricachón a pringado. En este caso es un callejero un tanto colgado. Su profesión es la de cambiar el dinero de los turistas, pero al mismo tiempo si puede estafarlos.
5. "El niño eterno". Habla del burgués que tiene el hijo en casa hasta la eternidad y los problemas que acarrea. Lo quiere echar y punto.
6."El hombre decidido". Las soluciones de un individuo peculiar a los robos en la ciudad. Un tiro en la cabeza y fuera. Esa es su solución, luego es un cagado.
7. "La fiesta de toros". El locutor de la selección argentina de fútbol.En este caso suerte de que es corto.
8. "El auto de mis sueños". Un comprador de un coche se monta en el auto de lujo con la idea de comprarlo.
9. "Experiencia enriquecedora". Un tipo con pinta de macarra quiere ayudar a un chico que pide en un restaurante.
10."Cadena nacional". La sátira de esta historieta va del presidente de Argentina.
11." La novia de papá". El padre quiere hacer una confesión a sus hijos.
12." Las ventajas de ser pobres". En este caso hace de padre misionero de los pobres.
13."Ezeiza". La despedida de unos padres a su hija que marcha al extranjero.
14."Un juguete carísimo". Un abuelo entrega un regalo a su nieto. Se pavonea de ello.
15."Un film necesario." Aquí se mete en el papel de un director de cine resentido en medio de la jungla.Cargado de hipocresía.
16." Demasiado dulce." El personaje acuda al pueblo de sus antepasados para conocerlos. Casi lo despluman.
Finalmente, resulta una crítica social de comportamientos poco humanos. Pero busca eso: caricaturizar a las personas en unos aspectos un tanto rancios. No lo consigue en todas, pero en algunas salta la sonrisa y eso es de apreciar.
"Las chicas de la estación" de Juana Macías ( directora de la serie "Las abogadas" que cuenta las andanzas de Manuela Carmena y Cristina Almeida de los inicios en el mundo de los abogados, metidas siempre en los conflictos de las clases obreras) se detiene en unos hechos reales ocurridos en Palma de Mallorca, en concreto en una violación sobre una adolescente, interpretada por Julieta Tobio,
de quince años. La trama se articula en torno a un centro de acogida de adolescentes rechazados por sus familias y de niños venidos en patetas. Allí reina cierto buen rollo, cantan y bailan ( el rap está presente en toda la cinta) y parecen estar a salvo de la selva del exterior, porque cuando pisan las casas de sus familias, si es que las tienen, les llega el terror y el rechazo a esas jóvenes.
Éstas realizan una especie de monólogos para ellas mismas de la situación en que se encuentran. Es un pensamiento interno y un repaso de una existencia desastrosa. En fin, la cámara sigue los pasos de esas chicas sin presente ni futuro que deambulan a ritmo de rap por donde pasan.
"Toda una vida" de Hans Steinbichler explica la existencia de Andreas Egge que por lo visto en las primeras secuencia no será nada fácil. Llega a un lugar montañoso, una especie de adaptación de algún ligue pasado, y es tratado por un tipo bruto igual que un perro. Lo quita de la mesa donde comen los demás componentes de la familia y lo arrincona, después de llamarlo bastardo.
Recibe palizas sin compasión, por cosas que no ha hecho, con una fusta en el culo que le atiza su padrastro como si fuera un caballo que no cumple su cometido. La película sigue por el mismo camino temático: el trauma de vida de ese chico que se hace adulto y continúa como antes sin posibilidades de escapar en ese camino tortuoso. Avanza con buenas vibraciones con una puesta en escena calculada y precisa con imágenes del bosque, montaña nevadas que destacan diferente del fondo, de lo humano y trágico.
Y si llega el amor, no dura lo suficiente. Solo esa ambientación alegra la vista, porque el protagonista está más pendiente de las palizas hasta que se hace adulto. Así, recorre las penalidades del personaje en tres periodos: la niñez, adulto y la vejez. Para acabar, el joven aguanta lo que le echen encima. Su intención es la de vivir con las cuatro monedas que le pagan por trabajos diferentes y respirar en libertad en su casa de la montaña.
Nada de trabajar la tierra que es una penalidad y se encuentra demasiado abajo, costosa de producir. Parece mentira que las desgracias se acumulen siempre hacia la misma persona que sufre a lo largo de toda una vida.
Pretende mostrar esa forma anárquica de actuar sin importarle otra cosa que disfrutar de su juventud y completar la fiesta con un polvo. No importa que la noche la pase tirado hasta que se le vaya la borrachera, en un banco en medio de la calle. La historia se desarrolla en un medio rural y su padre, que también lleva el mismo camino, ya conoce de las cogorzas que suele pillar su propio hijo. Así, la noche es para liarla y el día para dormir la turca por la farra de la noche. No hay una guía o camino por donde ir, pues el padre es tan pendón como él y de ahí su andadura caótica en su existencia.
En fin, la trama se desarrolla con el hilo conductor del joven que se ve forzado a trabajar y no abandona sus andanzas de crápula que lo llevarán a enfrentarse con otros grupos de jóvenes donde se pelearán por una chica o por lo que sea. Con todo, la historia está cargada de inocencia y sencillez.
La presentación de "Kneecap" de Rich Peppiatt se inicia con una representación de un bebé que ha nacido en una nación oprimida como es Irlanda. Así, ya se empieza con la proposición inicial de hacerse camino en ese país oprimido. En cuanto asoma la adolescencia en medio de una discoteca y esnifando droga ya nos lleva directamente hacia esa rebeldía que se veía en "Trainspotting" de Danny Boyle. Los protagonistas, una vez pasada la etapa gamberra para pasar a otra todavía más, Moglai Bap,Mo Chara y el colgado de Michael Fassbender
que hace de padre de uno de los anteriores, intentarán sacarse las cadenas de represión de las fuerzas de orden por medio de las canciones de un grupo musical salvaje ( el grupo de rap existe en la realidad y la trama toma de sus andanzas). Por eso, esos dos colegas de Irlanda del Norte, más el padre de uno de ellos, llevados por el éxtasis se enfrentan a la poli y quieren romper con los modelos establecidos. La peli se va por derroteros reivindicativos y la música del grupo es el hilo conductor ( por tanto ahora se decanta más hacia una protesta más acorde con la cinta "La ley de la cebada" de Ken Loach) por medio de la lengua marginada de un país, Irlanda, frente a la primacía opresiva del inglés de Reino Unido.
Finalmente, se une rap, droga, reivindicación y gamberradas varias. Ese grupo musical llamado Kneecap, como la película, triunfará en sus conciertos que al final serán masivos. Además de un guion un tanto desordenado que le da ese punto de desmadre de los protagonistas. Por eso, la cinta es una locura contada en un tono de comedia: entras o no.
Se abre el telón del teatro y se inicia la agonía del final de una existencia. La función esperpéntica del final de la vida entra en escena con un personaje envejecido, antes hermoso y luminoso, interpretado por Ángela Molina
que deambula como una loca por el piso, descontrolada, perseguida por funcionarios de la sanidad que quieren aplacarla, silenciarla. Y los papeles, muebles, lámparas vuelan a su paso. Su cara decrépita, envejecida por el paso del tiempo. "Polvo serán" ( y te vienen a la memoria los versos hermosos de Quevedo "Amor constante más allá de la muerte" :polvo serán, más polvo enamorado) del director Carlos Marqués-Marcet ( "10000 Km", "Los días que vendrán", siempre con David Verdaguer como protagonista, aquí, no) se centra en la agonía antes de la muerte de una, mejor dos, personas.
Esas primeras imágenes de una familia persiguiendo por la casa a una anciana como un caballo desbocado marca el camino temático de la cinta. En ese proceso hacia la muerte se producen coreografías de bailes de los figurantes, ahora de pasajeros en el bus y luego de jardineros. Está bien ejecutada, pero parece un relleno de guion, no sé yo... Por tanto, esa mujer que está terminal decide afrontar la muerte de otra manera y la busca. Va derecha hacia ella, en lugar de esperar en la cama a que llegue.
En definitiva, una película con poco recorrido de proyectos, porque la muerte está siempre en el pensamiento de los personajes. Se plantean quién será el primero que le abandone al otro. Pero hay un giro y se pueden ir los dos al otro barrio, el matrimonio acabado, con todo hecho, aunque por mucho que les pese a sus hijos, juntos y experimentando las últimas sensaciones del cuerpo sabiendo cuándo y cómo te mueres sin llegar a la decrepitud.
La acción se desarrolla en Tokio. La muchedumbre anónima inunda las avenidas como hormigas que van al trabajo ordenadamente. Pronto la cámara se detiene y sigue al personaje que nos interesa, un gordinflón con cara de bonachón de ojos saltones como ranas, interpretado por Brendan Fraser
( enseguida nos viene a la memoria su papel estelar en "La ballena" de Darren Aronofsky donde protagonizaba de forma excelente a un enfermo de obesidad mórbida que la trama se desarrollaba en su propia casa).
En este caso, "Familia de alquiler" de Hikari vemos a un señor un tanto perdido en esa sociedad ordenada donde todos van a la suya, ocupan un lugar preciso, pero él va en busca de un trabajo y se siente un tanto caótico. Es cómico de poca monta. Después de vagar por interpretaciones callejeras de mala muerte o de secundarios sin importancia, le sale un empleo más decente en una empresa que se dedica a facilitar personajes reales a las familias que lo necesitan. Ahí se encontrará con las dificultades de interpretar en la vida real a protagonistas variopintos.
En fin, se las verá crudas en situaciones que no tendrá argumentos para salir de la persona a quien interpreta. Es decir, la tarea consiste en ayudar al prójimo, en compartir sus sentimientos, hacer una zambullida completa en la existencia de las familias. Pero eso, en las despedidas posteriores, porque su papel ha terminado, le produce tristeza y desamparo. La nueva personalidad se ha comido al hombre.
Andrea Arnold, desde la sensibilidad y la empatía, por las imágenes siempre tiernas, se detiene en los adolescentes que han pasado por caminos de espinas en sus primeros años de existencia. Se coloca en un ambiente cutre de unos padres inconscientes que van a su rollo y los adolescentes, nada de acuerdo con su forma de actuar, se rebelan contra ellos. Lo hacía en "Fish Tank", donde la hija rechaza al tipo que no es su padre y se ha enrollado con su madre; "American Honey" ( premio del jurado en Cannes del 2016, pese a la mala crítica) aquí la joven busca un grupo de parias donde refugiarse después de huir de la familia. En "Bird", que nos ocupa ahora, se inicia con la misma temática: un padre tatuado hasta las cejas,
interpretado por Barry Keoghan, ( "Saltburb" de Emerald Fennelli) que le cuanta a su hijo que se va a casar de nuevo y ahí empieza la bronca. Acaba de enterarse y le parece una gilipollez como todas las que hace su padre. Su estancia se encuentra en un suburbio y el piso, con grafiti por todos los lados, da la sensación de que es de un ocupa o que está abandonado.
La trama sigue los pasos de Bayley, interpretado por Nykya Adams, de doce años, que quiere desligarse de las opiniones y las órdenes que le da su padre. En esa escapada de la adolescente se encuentra en el campo con un tipo estrafalario llamado Bird,
interpretado por Franz Rogowski, que se muestra divertido y en él encuentra la única salida a sus problemas. En fin, la chica piensa escapar a las pretensiones de su progenitor. Estamos ante la misma trama de las anteriores pelis de la directora: joven dando tumbos de un lado a otro sin nadie capaz de que la guíe.
"Cuando cae el otoño" de François Ozon ( no vamos a descubrir al director a estas alturas y sus películas siempre han profundizado en los personajes para crear una polémica que te mantiene atento. El juego, por ejemplo, entre la realidad y la ficción en "En la casa"; la prostitución como un tema central que se daba en "Joven y bonita" y muchas otras interesantes) se centra, en sus primeras imágenes, en el personaje principal: una anciana, interpretada por Helene Vincent, con cierta capacidad de vitalidad en sus acciones.
La encasilla en un determinado modelo de persona: es creyente, pues escucha el discurso del cura en la iglesia, confiesa y desarrolla actividades caritativas con una vecina que acompaña a un lugar que puede ser una cárcel donde está condenado su hijo periódicamente que es el otro camino de la trama. Sin embargo, veremos que su actividad profesional de sus tiempos jóvenes está muy alejada del tema religioso. La llamada de teléfono de su hija, que parece la va a visitar, suponemos que será el hilo conductor de la trama. Y avanzado el argumento, esa otra familia sin parentesco alguno, le llenan y le complacen más que la suya propia. El director juega siempre en ese doble plano de lo que vemos en la pantalla y lo que realmente esconde que también lo percibimos. Entonces pensamos que las cosas son apariencias y detrás se esconden otras realidades que nunca salen a la luz.
Finalmente, muestra las diferencias de dos momentos de la existencia: la de una abuela que ha llegado a esa paz total, con un pasado oscuro y rechazado por los suyos, y la de la hija en conflicto permanente. Eso es una bomba activa que chocará constantemente. Lo dicho: la pobre anciana samaritana está rodeada de sabandijas que siempre quieren chuparle la sangre.