"La mitad perdida" de James Sweeney ( director e intérprete, película con el premio del público en el festival de Sundance 2025)
planea el tema del gemelo perdido, es decir, dos jóvenes, que se encuentran en una reunión de apoyo por el duelo de hermanos gemelos fallecidos, entablan una amistad especial. Roman, interpretado por Dylan O'Brien,
no acaba de encajar la pérdida de su otra mitad, pero encuentra a Denis que también dice haber perdido a su par. Éste es de un carácter abierto y simpático, pero con tendencias sexuales muy diferentes al anterior y necesita de alguien que lo entienda que se sienta en la misma situación.
En ese inicio confiesan sus tendencias, remordimientos y sus acciones detestables con su media naranja familiar que podía haber cambiado el rumbo mortal de su vida.
En fin, el puzzle de la amistad entre los dos se va completando a medida que pasa el tiempo. Aparecen mentiras que desenmascaran a Denis como un impostor y responsable de actos impropios de una persona. La amistad dura hasta que se descubre el embuste.
"Koln 75" de Ido Fluk se detiene en la biografía de Vera Brandes una joven que quería organizar un musical de Keitt Jarrett en los años 70, con Miles Davis en la memoria del pianista como su ídolo para seguir. La acción se inicia en falso, es decir, el guionista juega al despiste y presenta varios inicios: ella cumpliendo cincuenta años y su padre insultándola, pues mantienen una pelea descarnada por una educación disciplinada. Pero el tiempo se desplaza hasta llegar a 1973, donde aparece la joven biografiada en el momento en que interesa contar su historia. La protagonista, interpretada por Mala Emde,
vive la noche, pero cuando llega a casa, su padre, que es dentista y autoritario, le pegará la bronca. Se quiere liberar de las garras paternales, que pretenden una educación académica para su hija, ésta procura prosperar con las funciones de representante.
Para acabar, son jóvenes que se colocan, se corren unas juergas de drogas, música y sexo. Por lo tanto, la peli se desarrolla en ese ambiente de liberación, de perseguir unos objetivos casi inalcanzables. Todo ese conglomerado aderezado con música de jazz.
"El extranjero" de François Ozon ( no vamos a repasar su basta y excelente filmografía, la última "Cuando cae el otoño"), en este caso, se ocupa de llevar a la pantalla el personaje de Meursault,
interpretado por Benjamin Volsin, de la obra de Albert Camus con el mismo nombre. La inicia con el final del libro, con un blanco y negro exquisito, para resaltar la angustia del personaje cuando aparece por la cárcel, junto a otros prisioneros que le preguntan por qué está aquí y responde por asesinar a un musulmán. No hay una correlación del argumento de la película con el ejemplar de Camus, porque hay saltos y elipsis, pero es bastante fiel a la obra escrita.
Por lo tanto, el resto del metraje recorrerá el camino por el que le ha llevada hasta esta situación. Ese hombre blanco, que vive en Argel, en 1940, en esos momentos todavía una colonia de Francia ( existe un cierto poso de racismo de la época, pues cuando entran en el cine hay un cartel que indica prohibida la entrada a los indígenas), permanecerá impasible ante la llegada de una noticia fúnebre. Así, el lugar que frecuenta está concurrido por franceses. La historia se centra en ese tipo insensible, introspectivo, casi mudo que contesta con monosílabas, a los hechos que suceden a su alrededor, centrado solo en el sepelio de su madre, pero ni una lágrima, ni un suspiro, nada. Pese a catapultarse, posteriormente, dentro de su mundo interior, su soledad y disgusto con el mundo es evidente. Se pasa horas y horas en soledad, con un cigarrillo y observando al personal desde su balcón.
Muestra una situación de indiferencia por la vida, frente al resto de mortales que sienten con pesar la muerte de su madre. En fin, se recrea en la historia que es fidedigna a la novela de Camus ( evidentemente la riqueza de detalles del libro no tiene nada que ver con la versión adaptada al cine, pero guarda una dignidad más que exquisita respecto a la novela), el funeral y su comitiva, el baño en la playa con su compañera de oficina, el amor con ésta, interpretada por Rebecca Marder;
la escalera donde viven unos vecinos especiales. Por tanto, sigue la estructura de la novela, pero a un ritmo que marca el propio director y con los cambios que le dan un tempo especial y adecuado. Vacía completamente el envoltorio humano y queda el extranjero.
"Urchin" de Harris Dickinson, también guionista y actor ( el joven de papeles de ricachón en "El triángulo de la tristeza de Ruben Östlund; becario que somete a su jefa a una pasión sexual en "Babygirl" de Halina Reijn), en este caso, la interpretación recae en Frank Dillane, porque igual él no daba el perfil de descamisado.
Plantea la situación de abandono de un joven marginal que pide en la calle unas monedas para comer. Se inicia con el chico tendido en la acera, se acerca a unos contenedores para rescatar una mochila escondida y emprende su ruta de pedigüeño. El mar de gente que lo rodea en ese lugar de Londres pasa olímpicamente de él. Es una marea humana, que cree que tiene dos manos fuertes para currar, que pasa junto a un fantasma que deambula por la calle. El director coloca la cámara en esa persona marginal con la intención de mostrar la precariedad de un sistema caducado, donde se abandona a aquellos que no están dentro del engranaje capitalista. En muchas ocasiones recuerda el cine protesta de Ken Loach ( "Yo, Daniel Blake", "En un mundo libre", "Mi nombre es Joe") con la trama puesta de cerca en esa escoria humana sin salida. En este caso, el director se coloca en la chepa del muchacho indigente, no conocemos el pasado, pero lo intuimos, para que nos apiademos de sus acciones, porque bastante ha sufrido ya en su desgraciada y corta vida.
En fin, en esas condiciones de marginalidad y supervivencia pronto se verá encerrado en la cárcel. Su trayectoria existencial pasa por el alcohol, la droga y la desgracia donde se perderá para siempre.
La acción de "Frágil" de Chistine Jeffs se inicia con un hecho trepidante que se desarrolla en un quirófano.La doctora cirujana, Elisabeth, interpretado por Elizabeth Banks ( "Todos somos Jane" de Phyllis Nagy),
necesita urgentemente tomar una decisión ante una enferma que muestra dolores intensos, ya se la han quitado de encima anteriormente en urgencias, porque no vieron nada. Ahora se come el marrón ella y debe operar. Inicialmente, en la mesa de quirófano, intenta drenar unos órganos por la pantalla sin necesidad de abrir, pero el descuido de un doctor cirujano que se inicia en la profesión hace que tengan que abrir al paciente y operar en un estado de vida o muerte. Todo se ha iniciado por un error de su asistente que perfora un miembro cuando inyecta una válvula en la barriga. Ante esta cagada, se ve obligada a operar y con prisas saturar el miembro perforado. Esto se realiza en un tiempo récord, porque la enferma se va al otro barrio por minutos. Así es como nos muestra la agonía de la cirujana que ha tenido en sus manos la vida que por momentos se precipitaba por el barranco, derecha hacia la muerte.
Durante toda la peli se estará culpando por la forma de actuar y los superiores quieren a toda costa culparla de la muerte de la enferma, puesto que no supo actuar con firmeza ante las dificultades. En fin, las cosas se complican cuando aparece en un diario su careto con la noticia de que por su culpa ha fallecido una mujer joven en quirófano.
La historia se enreda de tal manera hasta suspenderla de oficio. Los acontecimientos llegan muy lejos y ella, ante las presiones, se ve obligada de dar explicaciones y tomar un nuevo camino.
"La novia" - nada tiene que ver con "La novia" de Paula Ortiz, adaptación de "Bodas de sangre" de García Lorca- de Maggie Gyllenhaal ( realizó la obra "La hija oscura" se sumergía en impulsos extraños de la edad de una señora en soledad, cuando observa en vacaciones a una joven madre con sus hijos) se recrea en la novia de Frankenstein. Las primeras secuencias reproduce las imágenes de una chica,
interpretada por Jessie Buckley y nos viene a la cabeza su papel reciente de "Becket" de Chloé Zhao, que se manifiesta de manera impulsiva en un restaurante ante unos hombres poderosos. Es apalizada y se desloma por las escaleras falleciendo. Frankenstein, en este caso interpretado por Chistian Bale, aparece de la nada ante el consultorio de la doctora Euphronius con la intención de buscar aquello que lleva años sin experimentar: mantener una relación sexual con una mujer.
La doctora le comenta, con risas ante su careto, que tiene más de cien años largos y su pinta deleznable. Estamos en Chicago de los años treinta del siglo pasado. Ésta no lo ve con buenos ojos, pero se ponen manos a la obra desenterrando el cadáver de la joven fallecida. A todo esto, en blanco y negro aparece la escritora, Mary Shelley, creadora del mito monstruoso, de forma histriónica como alentado unas formas de superarse en las circunstancias para desobedecer a la tiranía del hombre que abusa del poder.
Pretende dar forma a ese personaje que ella misma nunca fue, una mujer con fuerza, garra y consciente de sus valores contra el varón déspota y machista. Los dos sujetos, engendros inventados por la doctora, una vez creado el cadáver de la mujer, después de cargarse a dos tíos capullos y a un policía, aparece el inspector y su secretaria protagonizado por Penélope Cruz, en una persecución sin fin.
En fin, la historia se repite con otro componente, la novia, a la vista, los dos se verán envueltos en situaciones peligrosas por la necedad del personal que los rodea y se serán perseguidos y acosados. Pero, con todo lo visto, me quedo con "Frankenstein" de Guillermo del Toro.
"El amo" de Yuriy Bykov plantea las consecuencias que pueden venir por hacer una obra de caridad. La historia se desarrolla en Rusia en medio de una sociedad donde el conflicto bélico está candente y la corrupción de matones y policías está en la calle. La trama parte con un desarrollo sin demasiada trama: un matrimonio,
interpretados por Klavdiya Korshunova y Artyom Bystrov que, después de procrear a tres hijos, se quieren, pues hacen el amor y se han cambiado de casa. Se supone que las cosas van más que rodadas. Sin embargo, pronto dará un giro el guion y la felicidad se volverá en drama. El marido se ve involucrado en medio de un accidente y un coche tumbado en el asfalto está cercano a que las llamas quemen abrasado a su ocupante. El joven no desiste en salvarlo a toda costa, aunque para ello dé a cambio su vida. Así que consigue salvarlo. Este hecho heroico, que en principio supone un acto de humanidad, se le volverá en su contra, porque acaba de salvar a un mafioso,
interpretado por Oleg Fomin, que posteriormente quiere entablar una relación caprichosa y corrosiva. Es el punto de inflexión donde la trama da un vuelco y, si hasta entonces las cosas funcionaban de maravilla, ahora ya no, por ejemplo, el primer altercado sucede cuando los policías se presentan en su negocio con documentos que demuestran que no lo tiene legal y quieren fundirlo a multas. En ese mundo de mafias, al tipo que ha salvado tiene mucho poder y, al mismo tiempo, es un vicioso que empuja a la familia hacia un terreno pantanoso y en caso de oponerse a sus antojos, los machacará. Todo ello se desarrolla bajo una lluvia constante como una premonición del final del mundo.
En definitiva, esa relación tóxica, que se inicia por casualidad y de buen rollo, causará la destrucción del matrimonio. Acercarse mucho al poderoso tiene su precio, pero ir, al mismo tiempo, en su contra supone la destrucción familiar.
"Prime Crime A true story" de Gus Van Sant ( el director de "Elefant", donde unos adolescentes entraban en un instituto y se liaban a tiros con el personal) busca una historia verdadera, eso dice nada más iniciarse, con un punto de violencia, su estilo. Sucedió en 1977 cuando Tony Kiritsis, interpretado por Bill Skarsgard, se siente estafado por un banco y se toma la justicia por su propia mano.
Empieza con los pasos de un tipo con malas pulgas. Lleva un brazo en cabestrillo, por disimular, y en el otro una caja larga. Entra en unas oficinas con la intención de entrevistarse con el dueño de la empresa. No lo encuentra, pero el hijo da la cara por él. Se conocen de sobra, pues parece que han realizado trámites en esa sucursal. La idea es que quiere saldar viejas deudas. En la caja sospechosa esconde una escopeta que no tarda nada en descubrir y apuntar hacia el retoño del jefe. La historia se desarrolla por unas calles rellenas de nieve. La cinta combina imágenes reales en otro formato para darle mayor veracidad.
Para acabar, el personaje pretende que restauren sus diferencias económicas, que le paguen la pasta que le deben y que, después de amenazar al personal, le dejen marchar sin cárcel ni psicólogos, que me den lo que es mío, punto.
"Un poeta" ( premio Un Certain Regard en festival Cannes 2025) de Simón Mesa Soto se clava directamente en la vida de un escritor defenestrado, que detrás de él, interpretado por Ubeimar Ríos ( actor no profesional), hay mucha miseria. Es un creador nefasto que por muchos conocimientos de literatura que tenga, no le llega la musa de inspiración.
Es decir, la poesía es triste y dramática como los pasos que da el protagonista. Asiste a convenciones que cortan su discurso, por menospreciarlo, no lo dejan expresarse. No es comprendido y divaga por la calle de borrachera en borrachera como un bohemio. La fama, que él busca, no le llagará por mucho que la persiga. Él es un poeta y no tolera que le busquen un curro de docente, ni pensarlo. Es un creador nato, eso comenta a su familia, pero la realidad va por otro camino. Descubre a una alumna con facultades poéticas de un barrio marginal que intentará darle luz y sacarla de la miseria. Sin embargo, en lugar de encontrar el éxito y la popularidad, se asocia a un cúmulo de desgracias. No hay desdicha en el Mundo que no acuda a acompañar al triste poeta.
En fin, un tipo culto, solvente con las ideas claras de hacer aquello que le gusta, aunque el personal lector no está por la tarea de leer su poesía y consigue fracasar en el intento. Va de derrota en derrota dando tumbos por su vida. Es poco menos que una escoria en la sociedad que lo rodea, que no lo entiende ni quiere aceptarlo.
"Exit 8" es una comida de tarro increíble que tiene la intención de mantenernos en bucle con pequeñas artimañas del guion. En cierta manera la trama se parece a "Atrapados en un bucle" de Junta Yamaguchi donde las escenas se repetían con pequeños matices de diferencia. Su director Genki Kawamura inicia el recorrido de la acción en el metro de una gran ciudad. La historia está sacada de un videojuego de éxito del mismo nombre y creado por Kotake Create que consiste en dejar perdido a un colgado para que mire las diferencias de los carteles que se encuentra en su camino.
El protagonista, interpretado por Kazunari Ninomiya, está oyendo el bolero de Rabel abstraído completamente al insulto que se está produciendo dentro del habitáculo del convoy: un chico abronca a una madre, porque el bebé no cesa de llorar y se comporta histéricamente. El joven que oye música sale del vagón y atiende a una llamada telefónica, una foto de una joven y un gato aparecen en su pantalla. Los pasajeros pasan a su lado como si sus ojos fueran una cámara que registra lo que sucede alrededor.
Descuelga la llamada y la chica del gato confiesa que se encuentra en el hospital y le han comunicado que está embarazada. Sin ver nada, se le cae el móvil al suelo, apreciamos un nerviosismo acelerado por la noticia. Voy a verte, es lo que contesta. Se suceden pasillos largos de baldosas blancas con una franja naranja en el suelo que indican la salida. Sin embargo se inicia un bucle infinito sin llegar a la boca de la calle. Se llega a la esquizofrenia de los personajes, pues se cruza con otros que se encuentran igual.
En fin, la trama está en cómo salir de esas tripas de galerías de baldosas del metro sin nadie que lo atienda excepto una especie de robot que se cruza con él a cada minuto y luego un niño. Se hace interminable. Mejor repasar "Atrapado en el tiempo" de Harold Ramis que se reirán mucho más y te lo pasarás pipa.