"Buena suerte, pásalo bien, no mueres" ( no mueras en el intento de ver la película, por momentos pensaba que me iba a gustar mucho, pero no...) de Gore Verbinski es una crítica feroz a la tecnología del presente usada en exceso por los humanos en general. La historia se inicia en un bar con un tipo extravagante casi con pinta de vagabundo con una ristra de bombas adosadas a su cuerpo. Los amenaza con volarlos por los aires, ante la iniciativa de los presentes de hostiarlo, porque no para de subirse a las mesas del restaurante e insultarlos indiscriminadamente. Comenta que viene del futuro, otra tontería del bucle tan de moda en los últimos guiones, y parece que es verdad porque los reconoce a todos. Está haciendo una tría de personas de un grupo que le ayude en una misión especial. Posteriormente, la trama se desplaza hacia unos días antes de que sucediera todo. El análisis salvaje hacia ese desmedido uso de las tecnologías puede parecer excesivo, pero da en el clavo. Es lo único cierto que muestra.
Para acabar, da la sensación de que la ironía traspasa la raya de la realidad, pero no está nada alejada de la verdad, pues el humano se ha mimetizado con la máquina y es capaz de no sentir escrúpulos, empatía y menos compasión por el prójimo. La idea, a ratos, es buena, pero el guion va dando saltas de aquí para allí como un conejo en medio del monte perseguido por un perro. Quiere ser comedia, drama, ciencia ficción, thriller. Un batiburrillo de guion que al final no es nada de todo esto, no me convence; abandono.
"Incontrolable" de Kirk Jones se inicia en una recepción de la reina. Ésta atiende a personal que va a condecorar o algo así. John, el protagonista, interpretado por Robert Aramayo ( mejor actor en los BAFTA 2026) se niega delante de su madre a participar en un homenaje, donde su majestad entrega unos premios de distinción.
Sabemos poco de la historia que se inicia por el final, pero llegar hasta aquí supone un largo recorrido. Su madre lo convence a la fuerza y nada más entrar en el acto manda a paseo a la propia monarca. Se recalca que es una historia real como tantas veces, en este caso de un tipo llamado John Davidson, ( miembro de la orden Británica y condecorado por su lucha contra su enfermedad) que fue diagnosticado con síndrome de tourette ( trastorno del neurodesarrollo con movimientos involuntarios de tics, también pueden soltar palabras obscenas sin sentido y ahí es donde nos enteramos de ese personaje mandando a cagar en el careto de la reina) a los 15 años. La trama se traslada a los inicios de esa persona cuando es un adolescente. Así, en el momento en que inicia la secundaria siente unas sensaciones extrañas como si no pudiera controlar sus impulsos, su cuerpo no responde o se porta raro. En fin, vemos un luchador por una causa que no siempre se considera de esta manera, pues en los premios BAFTA de este año 2026, tampoco se entendió su enfermedad, porque él, desde el público, gritó la palabra despectiva "nigger" cuando apareció Michael B. Jordan para repartir uno de los premios, la cual cosa fue profundamente criticada en las redes por actores de este color que se quejaron profundamente de ese insulto.
Para acabar, no deja de ser un drama chispeante que levanta las sonrisas de un muerto con sus salidas de tono. Así, su entrega final, la del personaje real, está en curar la enfermedad o ayudar al otro que también la tiene. Destacable estreno.
"La voz de Hind" de Kaouther Ben Hania se desarrolla en las instalaciones de la Media Luna Roja de Palestina. Los empleados se encargan de ayudar a las personas necesitadas en un territorio de permanente conflicto bélico con Israel. Está situada en Cisjordania a ochenta kilómetros de Gaza donde se produce la tragedia de la guerra. Es un relato dramatizado, como indica en el inicio, de un hecho real, ocurrido en el año 2024. Los ataques y las muertes se ven reflejados en los ojos del personal que atiende a las llamadas desesperadas pidiendo ayuda.
Se encuentran encerrados detrás del teléfono sin tener las herramientas suficientes para socorrer. Intentan como pueden amparar a las llamadas desesperadas. Es, en cierta manera, el reverso de aquella película "Enterrado" de Rodrigo Cortés donde un tipo aparecía dentro de un ataúd. Aquí sucede los mismo, pero de orto punto de vista: una niña atrapada en un coche lo vemos desde el otro lado, de los rescatadores que son incapaces de atender la ayuda. En ese estado de psicosis se ha producido un atentado y queda viva una niña de seis años que contacta con ellos. La acción se desarrolla en esa oficina donde son incapaces de echar un cable a la víctima.
En fin, las muertes que se producen a distancia se reflejan en los coordinadores de urgencias que se ven sobrepasados e incapaces de actuar ante las masacres. La voz de Hind es un drama insostenible en las ondas de sus cabezas.
La primera imagen es la de un tipo con el careto lleno de magulladuras y sangre y con las manos con grilletes, como si lo hubiera aplastado un camión. Saca una lata de comida y del sobaco un gato que le da de comer. Enfrente dos policías que preguntan quién coño es este tío. Ese es el inicio de "Nadie" de Ilia Naishuller que se inicia con el final y nos pone los antecedentes: un personaje normal, interpretado por Bob Odenkirk,
con una vida rutinaria que siempre efectúa los mismos movimientos. Las secuencias son repetitivas de un marido que ejecuta siempre lo mismo: levantarse, fichar, ir al curro y aguantar las broncas del jefe o la mujer. Con barba y envejecido, solo le queda que mirar la foto de recién casados, tiempos pasados fueron mejores, con una proyección que nunca se ha conseguido. El guionista no tienen muy claro hacia dónde va si a una peli de antihéroe o bien de la mano de unos mafiosos de la droga. Esos giros de guion despistan al espectador. Por lo tanto, entra en juego una trama de espías y la mafia rusa que le dará un tono de acción trepidante. Hay un cierto parecido a "Mentiras arriesgadas" de James Cameron donde un espía lleva una vida ordinaria muy común para camuflar la otra real de agente violento y corpulento en sus acciones arriesgadas.
En fin, las situaciones que se dan a su paso, tanto en casa como en el trabajo siempre lo consideran una persona de poca valía y le hablan con cierto desprecio. La cuestión de la trama es ver si será capaz de soltarse de las ataduras y liarse a hostias contra el mundo entero. Los bandazos de la trama no ayudan al ritmo de la acción. Eso: masacre humana a ritmo musical. Perfecta para el personal que busca hostias sin parar, pues nada, nadie.
"Paolo Sorrentino" ( director que se come la cabeza en temas vitales como en "La gran belleza", donde repasaba personajes destacados en Roma, políticos y periodistas que se apuñalan dialécticamente; "Fue la mano de Dios" toca de pasada su juventud en Nápoles en los momentos brillantes de Maradona y el júbilo que levantaba en los habitantes, una autobiografía personal) vuelve de nuevo a la política ( en otra ocasión, desnudaba al ex presidente Berlusconi en "Silvio y los otros") con "La Grazia", donde se mete de lleno en un presidente ficticio de la república italiana. No podía faltar a la cita su actor fetiche como es el gran Toni Servillo.
Se inicia en la residencia del político en el Palazzo Quirinale con un paseo y primer plano del mandatario y una muestra de sus innumerables funciones dentro de su cargo. Vemos a un mandatario humano e inseguro al mismo tiempo de sí mismo. Considera que ha llegado el momento de largarse a casa. Esto lo ve cuando llega otro presidente a su residencia que apenas puede salir del coche oficial, de anciano que es, lo ve viejo y se pregunta si él también es igual: un dinosaurio en activo que se duerme mientras reza. A ese anciano, en su última fase existencial, le brotan constantes recuerdos de cuando conoció a su esposa, ya fallecida mucho tiempo atrás. Entre las reuniones importantes está la del Papa que en esta ocasión es negro.
Se insinuó, después del Papa Francisco que llegaría al trono Turkson de Ghana o Robert Sarah de Guinea. Aquí lo mete con una imagen especial, con unas especies de rastas. No le ayudará en sus dudas existenciales y se pierde en los pasillos de su palacio en divagaciones y soledad.
En fin, el cine de Sorrentino mantiene una verborrea picante que llega hasta las entrañas y van acompañadas de una imágenes en muchos caso de pura poesía. Es cine de grandes alturas que igual no llega a todos los espectadores.
Maryam Touzani, la directora, es una especialista en desarrollar temas de sensibilidad humana. Lo hacía, por ejemplo, en "El cafcán azul", vestido típico marroquí, donde un hombre, el dueño de una tienda, se enamora del aprendiz recién llegado, donde cosen y acicalan vestidos a los clientes con la esposa en medio sin saber qué hacer; "Adam" cuenta la precariedad de una mujer embarazada que deambula por las calles en busca de refugio y una limosna, que obtiene de una buena mujer con un negocio pequeño que le da cobijo, pero que no dispone de medios para mantenerla demasiado tiempo. En este caso, "Calle Málaga" ( Premio del Público en el festival de Venecia 2025) enfrenta a dos mujeres, madre e hija en un serio compromiso.
La madre, interpretada por Carmen Maura ( quedarán en la retina sus interpretaciones como chica Almodóvar en "¿Qué he hecho yo para merecer esto" o "En mujeres al borde de un ataque de nervios"; pero aquí con un aspecto más parecido a la peli de "Volver"; en otra interpretación prodigiosa, "La comunidad" de Álex de la Iglesia) es una mujer que se pasea tan ricamente por el mercado de Tánger, feliz de soportar su ancianidad y en espera de que el tiempo se la lleve al otro barrio. Sin embargo, antes debe aguantar un sofocón que le producirá su propia hija, interpretada por Marta Etura ( otra actriz permanente en la retina por la escalofriante película de Jaume Balagueró"Mientras duermas" donde narra la historia de un conserje perturbado solapado a sus entrañas) que se empeña en fastidiarle la alegría con una noticia inesperada: quiere llevarla a un asilo. Ella se niega y lucha por mantener su estatus social.
En fin, un drama entre madre e hija que mostrará las interpretaciones de dos actrices descomunales, aderezado de la sensibilidad típica de la directora del trato que realiza en sus temas complejos. Además, se recrea en remarcar esos recuerdos que se perderán para siempre. Aunque puede aparecer una luz en el camino a ritmo de Los Panchos con "Toda una vida".
Un barrio periférico de cualquier ciudad de Europa, en este caso Suecia. Ahí viven tres hermanas, dos adolescentes y una infantil. "Paradise is burning" de Mika Gustafson se centra en esa forma de vida de las tres jóvenes. Se enfrentan, sin guía alguna, ni padre ni madre, al entorno social de manera brusca e incluso violenta. Se revelan contra la sociedad, pues se sienten marginadas. Nadie pretende echarles un cable para ayudarlas.
Las primeras situaciones ya nos muestran la precariedad de la situación: la niña pequeña se hace pis en la cama, porque lo está pasando mal, como protesta. La ropa y las sábanas las llevan a lavar, pero no disponen ni de detergente para la lavadora. Todo un despropósito de comportamientos propios de la anarquía que reina en esa casa. Además, la mayor se mete en fregados constantemente para eso es la jefa de la casa: fuma, bebe y ,en esa casa, se hace lo que ella dice si no quieren que la violencia se desborde. Esto es el itinerario por donde van a parar las otras dos hermanas. No tienen nada, pero en el fondo se sienten unidas y felices. Se dedican a ocupar casas por el placer de poseer e invadir lugares ajenos o porque desearían tener una piscina y buscan una vivienda que la tenga con el riesgo que esto lleva. Aunque parece extraño que no los pillen con lo que se zampan de comida de ese lugar ocupado.
En fin, estamos ante un cine social que muestra las dificultades de subsistencia de una familia desestructurada sin padres, pero que al mismo tiempo intentan hacer una piña entre las tres para salvarse de la humanidad que las margina. Está bien, pero ya se han realizado mogollón de películas con la misma temática y pierde la capacidad de sorpresa.
"Un simple accidente" ( Palma de Oro en el festival de Cannes 2025) toma como punto de partida la venganza. Jafar Panahi, director iraní, extrae de su experiencia en la cárcel las posibilidades que se abren en el supuesto caso de que te encontraras en tu camino, estando en libertad, con un presunto carcelero que ha sido tu torturador. Su legado cinematográfico está enfocado en criticar la tiranía de su país y mostrar la sociedad que lo rodea y eso mismo es lo que le lleva a la prisión constantemente. Así, por ejemplo, en "Los osos no existen" ( Premio especial del jurado en Venecia 2022) se coloca él mismo como protagonista de la cinta como director que pretende grabar unas escenas y mantiene una pugna con las autoridades que se encuentra en su camino; o en "Taxi Teherán", Oso de Oro en el festival de Berlín2015, donde se coloca al volante de un taxi y recoge las opiniones variopintas de sus pasajeros.
Decíamos que el argumento se trata de un ajuste de cuentas donde un tipo que ha sido apalizado en la cárcel por un encierro injusto, se encuentra con ese supuesto bruto y quiere cargárselo, pero no está seguro de que sea él realmente y se acerca a otros que padecieron lo mismo para que lo verifiquen. En ese impasse de tiempo ocurren muchos hechos que pueden cambiar de opinión. Evidentemente, la idea parte de una posible situación en que te puedes encontrar con el cabronazo que te ha estado machacando en la celda y no lo puedes dejar escapar. Pero se abre la duda de ser igual que ellos de vengarte contra una mala bestia, con los mismos métodos.
En fin, esa es la premisa de una decisión que debe tomar en un tiempo determinado, donde te puedes cruzar con esa persona que te ha jodido la vida para siempre. Aparece la rabia almacenada en el tiempo. ¿Cómo vas a actuar frente a esta casualidad que te ofrece la circunstancia?
"Borgo" de Stephane Demoustier se sitúa en Córcega ( buen lugar para ubicar una peli de mafiosos, pues es la zona con más homicidios que se producen en Europa). La historia se inicia en dos frentes: uno, el de un inspector que está centrado en el asesinato de un tío que tiene cierta conexión con alguien que no sabemos; dos, una supervisora de una cárcel que inicia su andadura dentro de un establecimiento con mano dura. Intenta poner orden y se enfrenta a unos prisioneros asesinos para que tomen conciencia de que la celda no es una porquera. La trama se declina por la supervisora, interpretado por Hafsia Herzi,
la cual impone un respeto y mano dura en la trena; en cambio, en su vida personal, fuera de allí, no puede controlar las acciones de los vecinos contra su familia por estar casado con un chico negro. Sin embargo, esa mujer, por el hecho de ser una carcelera empática con los prisioneros, entabla una especie de confianza con ellos. Esto le puede causar que se estrechen sus lazos y acabe en el trullo junto a los mafiosos. Así pues, en este punto, llega un momento en que la investigación de los policías del asesinato se fusiona con la historia de la chica de la prisión, porque ella se ha visto implicada en formar parte activa del entramado mafioso.
En fin, el tema carcelario de disputas y riñas entre presos y el personaje principal como responsable de que cumplan con las normas de los dirigentes de arriba, creará momentos de enfrentamiento. La bronca está servida.
"El médico de Viena" de Lajos Koltai es aun autobiografía del doctor Ignaz Semmelweis que vivió a mediados del siglo XIX combatiendo la fiebre puerperal ( el puerperio era el periodo posterior al parto y en esas seis u ocho semanas el aparato reproductor vuelve a sus condiciones anteriores, en ese tiempo se producía una infección en el aparato genital) que causaba infinidad de muertes en las mujeres embarazadas. Se producía una inflamación en las venas del útero interno. Todo ello acarreaba y producía la muerte. Sin embargo, los doctores eran incapaces de encontrar las causas de la epidemia y echaban la culpa a los otros ( aquí hay una disputa entre doctores húngaros y austriacos, los segundos dominantes).
Ignaz, húngaro, interpretado por Miklos H. Versel, está siempre desacreditado, junto con su equipo, por el director austriaco. Éste ante las múltiples muertes, con un temperamento fuera de sí, por la pena que demuestra su fracaso, comenta que es imposible que sea una epidemia, pues en el resto de hospitales no sucede esta mortalidad. Las imágenes se muestran con colores de pastel para darle un aire de la época en que se produce.
Además, sucede en medio de una ambientación cuidada tanto de los lugares como los trajes y la iluminación escasa por el alumbrado de velas. En fin, estamos ante un relato real de un luchador por los derechos humanos que ante todo es persona y se desvive por salvar a sus pacientes.