"La muerte es un problema para los vivos" de Teemu Nikki (parece un título demasiado largo, que ya da pereza empezar a verla)no acaba de acertar con el título, porque los protagonistas, por su condición de excluidos sociales, se encuentran en el filo de la muerte, más cerca de ésta que de la vida.
La cinta se centra en dos perdedores, vecinos, que forman una especie de sociedad cutre sin destino algunos. Por un lado, vemos un personaje oscuro, viste de negro y lleva un coche desvencijado de la funeraria que es lo más parecido a un mafioso de pacotilla.
Es marginal y cutre porque realiza un trabajo de adecentar a los muertos y llevarlos de un lugar a otro y si puede les quita alguna joya. Mantiene una relación con su familia bastante penosa a causa de su adición al juego y debe un montón de pasta. A todo esto, por otro lado, se une a un nuevo compañero que es el bufón de su familia, porque le han dicho que no tiene cerebro o una mínima expresión. En eso todo eso, se conocen y se echan a la aventura.
En fin, una comedia negra de perdedores sin rumbo en un mundo de vivos que ellos mismos están más cerca de los muertos y por esto les importa un pedo comportarse como ratas. Por tanto, un ambiente turbio y unos personajes que no pueden escapar de las garras de su escoria de vida que incluso los secundarios están metidos en la misma miseria humana.
Título original Peluri Kuolema on elavien ongelma
Año 2023
Duración 98 minutos
País Finlandia
Dirección Teemu Kikki
Guion Teemu Nikki
Música Marco Biscarini
Fotografía Jyrki Arnikari
Reparto Pekka Strang, Pihla Penttnen,
Jari Virman Elina Knihtila,
Hannamaija Nikander,
Samuli Jaskio, Livo Tuuri,
Tina Weckstrom,
Marjaana Maijala.
Un matrimonio que está en la faena de mantener relaciones para tener un hijo, de pronto, al marido, le comunican que no tiene masa cerebral. Lo que lleva a las burlas de algún familiar como que es igual que un animal o que no beba tanto que se le va a llenar la cabeza, por el poco espacio que tiene en el coco, de alcohol. Esta noticia trastoca el comportamiento de la mujer que se plantea seriamente el tema de tener un hijo con ese tipo no vaya a ser que salga un retoño rarito. Aquí no acaban los problemas, pues en su curro se han enterado, han hecho público un tema que debería ser absolutamente privado, y lo quieren de patitas en la calle. Este tipo amargado forma tándem con otro vecino que lleva un coche funerario desvencijado recogiendo muertos por las casas. Quizá los dos desearían estar como los fiambres que suben al coche. Así, la trama avanza con el sentimiento, por parte de las dos mujeres del matrimonio, de que sus maridos son unos incompetentes en esta sociedad que sobran a su alrededor. Y los tratan como auténticos escorias. Las relaciones entre ellos hace tiempo que se rompieron, de tal manera que el que trabaja en la funeraria se embarga a nombre de su mujer y es adicto al juego. Por eso, si llega a casa y pilla a un tío en su cama tirándose a su mujer se calla como una cucaracha, porque ya tiene bastante con lo que arrastran sus pies. Pocas salidas le quedan y por casualidad se encuentra con la madre de una de sus difuntas y le sale una alternativa oscura a su curro: jugar a la ruleta rusa y ganar un pastón en unas horas. Así es como se meten los dos en ese juego ilegal de apuestas donde las personas sin salida firman que disparan sobre su cabeza, con apuestas de por medio, con conocimiento de causa y un contrato debidamente firmado: nadie les obliga. Es por tanto un suicidio en toda regla. Mientras la banda de sabandijas se hace rica con las apuestas y ellos se encargan de dejar el fiambre contra un árbol. Finalmente, la pareja ya dispone de cadáveres suficientes con los que ganarse la vida. Pero todavía queda distancia de recorrido en esa maldita existencia para cagarla más.




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