Lo primero que vemos es la imagen de un pasillo de metro repleto de gente que va callada hacia un trabajo que en la mayoría de casos será jodido o al menos poco gratificante. La joven, interpretada por Joana Santos,
que ha escupido el metro va a parar a unos grandes almacenes donde rellena un pedido con una pistola de lectura de código de barras. La peli "On falling" de Laura Carreira se detiene en la desgana de esa currante que se dedica a ser poco menos que una autómata con su pistola de radio frecuencia en la mano, llamados "piquer", que recoge productos de las estanterías parta completar su pedido. Los primeros minutos nos dan las claves de encontrarnos ante una trama de discriminación social que bien podría realizar el propio Ken Loach. En trazos generales, trata de ese personal de curritos que están mal valorados tanto económicamente, como mal vistos por el desarrollo de trabajo que realizan. Ella se siente mal, junto a una compañera que regresa en su coche que comparten gastos a medias, porque perciben que son el culo de la empresa, aunque sin su colaboración en la logística de reparto de pedidos, la empresa se vendría abajo. El enfoque temático está detrás de la chica que quiere abandonar esa dinámica negativa de su empleo laboral, pero no encuentra el camino por donde salir del pozo.
En fin, la protagonista mantiene la esperanza de superar ese curro de mierda, pero no acabal de encontrar la salida. Los trabajos que tuvo anteriormente todavía eran peores que éste y no le queda demasiado tiempo para buscar otra cosa. Pone el empeño y la ilusión en el curro nuevo que aparece a su vista como una bendición. Su destino está hecho. No hay salida.
Título original On Falling
Año 2024
Duración 104 minutos
País Reino Unido
Dirección Laura Carreira
Guion Laura Carreira
Música Ines Adriana
Fotografía Karl Kürten
Reparto Joana Santos, Leah MacRae,
Ines Vaz, Piotr Sikora,
Neil Leiper, Jake McGarry,
Itxaso Moreno.
La joven, hasta que llega a su trabajo, pasa por varias paradas de metro. La jornada es agotadora con pequeños descansos donde no se oye nada, porque el resto del personal está derrotado de currar a destajo. Son esclavos de las estanterías que recorren sin cesar hasta completar el jodido pedido. De vuelta, ya de noche, en el coche de su compañera, habla sobre los currículum que han enviado. Quieren encontrar una faena de mayor proyección que completar jodidos paquetes en un almacén. Sin embargo, en la forma de completar el resto del tiempo libre, se aprecia un cierto desánimo. No hay salida a esa situación enquistada. Ellas, al menos, les gustaría un trabajo de oficinas donde estuvieran todo el día sentadas y sin mover pesos, solo unas hojas de Din A-4 arriba y abajo. Los días se pasan en ese almacén donde completa la bandeja de pedidos con una precisión envidiable, no duda nunca de pillar el producto correcto, ni se equivoca, algo que resulta poco real.Parece que conoce los miles de productos que hay en las estanterías, pero la ficción todo lo puede. Aunque si esto ocurre, que no encuentra el producto y tarda demasiado tiempo del estipulado, le salta una señal de un pitido para advertirle que se está pasando de la duración de recogida y debe darse prisa. La historia se desarrolla en ese almacén miserable: picar con la pistola la ubicación que te indica la máquina de código de barras, luego el producto y después el pedido de la bandeja. Hay momentos de relax que los pasan con los compañeros con el móvil en la mano; vuelta a casa y de nuevo al almacén. Parece un puto bucle de donde no se puede salir. Aparecen nuevos personajes en su piso de alquiler múltiple y vemos que las personas que conviven ahí, incluso ella, no son autóctonos, éstos ocupan posiciones sociales más elevadas en ese país, sino de otros lugares: portugueses, polacos. Hay un momento, denigrante, en que un encargadodesca la llama a su despacho para indicarle que ha sido la mejor picadora de la semana y puede coger una barrita de chocolate de una caja como si fuera un perro que se le entrega un hueso por portarse bien con su amo. El deterioro del personaje es progresivo y silencioso. A partir de la caída del móvil al suelo y el pastón que debe pagar por repararlo, con su sueldo miserable, se precipitará hacia la pobreza y se alimenta de patatas en bolsa o chocolatinas. Por si no fuera suficiente, la entrevista deseada durante varios meses de asistenta social, para prosperar, le sale como el culo, pues siente en sus carnes la propia pena que arrastra que la hace comportarse como una auténtica imbécil. Las preguntas son sencillas, qué hace en su tiempo libre y no sabe qué decirle, mirar el móvil, lavar la ropa. Se queda atascada en la respuesta y le cuenta una trola, que ha ido al Caribe. Está cavando su propia tumba profesional y la vuelta al jodido almacén. Para acabar, la situación de gravedad de esa joven se va deteriorando por pequeños detalles que la va minando que la deja tocada sin apenas huida a ninguna parte y con el suicidio como rondando a los compañeros y puede que sea su única salida.