Timothee Chalamet partía como favorito para ganar el premio a la mejor interpretación en los Oscar 2026, porque mantenía el Globo de Oro bajo el brazo. Sin embargo Michael B.Jordan se lo arrebató.
Se mimetiza con los personajes con acierto, por ejemplo, en "A complete Unknown" de James Mangold donde realiza una actuación prodigiosa de un joven Bob Dylan. Aquí, en "Marty Suprime" de Joshua Safdie interpreta a Marty Mouser, aunque el tipo real que jugaba a ping-pong se llamaba Marty Reisman. Apodado la aguja por su condición estirada que trabajaba en una zapatería de Nueva York. El pimpón suponía un escape a sus problemas de infancia ya que sus padres se separaron y en el seno familiar no había buen rollo. Cuenta las andanzas del crápula con la espina clavada de perder la final de ping-pong con un japonés y su pala especial, pero no descansará, con un lío de sucesos en medio, hasta que consiga derrotar al nipón. La historia se desarrolla en la franja de nueve meses en el año 1952 hasta el 53, pues se inicia prácticamente con el polvo que pega a su amiga y llega hasta el nacimiento del bebé.
Por tanto, la acción se condensa en ese periodo como si fuera la trayectoria más destacada del personaje, antes y después la nada. Finalmente, el tipo está tan metido de lleno en el deporte que protesta por todo lo que le rodea con tal de mejorar sus condiciones, es decir se queja a la federación de que los hospeden en un lugar inhóspito, porque necesitan descansar bien para ganar el torneo.
Eso: es un encantador de serpientes con una verborrea suficiente como para buscarse la vida en las situaciones que se le presentan.
Título original Marty Supreme
Año 2025
País Estados Unidos
Duración 149 minutos
Dirección Joshua Safdie
Guion Idem, Ronald Bronstein.
Música Daniel Lopatín
Fotografía Darius Khondji
Reparto Timothee Chalamet, Abel Ferrara,
Gwyneth Paltrow, Odessa A'zion,
Tyler The Creator,
Penn Jillette, Geza Röhring,
Kevin O'Leary, Fran Drescher,
Sandra Bernhard, Spenser Granese,
Musto Pelinkovicci.
La trama arranca en la década de los cincuenta del siglo pasado. En la zapatería de su familiar, que trabaja como dependiente, tiene proyección, pero no le interesa, pretende triunfar en el tenis de mesa. Deja todo en el aire para largarse a Londres donde se disputa una competición internacional. Es un perfeccionista y no escatimará nada para buscar el triunfo personal. Entiende que es un deporte marginal y luchará para levantarlo a cotas mayores. Sus ambiciones por llegar a la cima son excesivas, incluso antes ya gana a sus rivales y a los periodistas les dice que está chupado derrotar al favorito. Así, es un jeta que su único objetivo es trepar por el muro de la fama. Aparte de eso, por el hotel, aparece una diva del celuloide que es más atractiva que su juego de pelotitas, pues es capaz de tirarle los tejos directamente. Después de perder la competición, a partir de aquí, se dedica a realizar exhibiciones para un público con ganas de sonreír con las ocurrencias de jugar con cuatro pelotas al mismo tiempo o con sartenes en lugar de raquetas. Así es como acompaña en las giras a los Globetrotter. De vuelta a casa, intentará escapar de cuentas pendientes con su familia. Así, se mueve en cualquier territorio pantanoso donde pueda acariciar la pasta. Con tal de no dar golpe es capaz de liarse a hostias con unos macarras o intenta convencer a un magnate de los negocios. Así las cosas, no le importa que la diva del cine, que acaba de follársela, le diga que sus planes son humo, que no tiene un proyecto estable de triunfar y menos dedicándose a eso de la pelota blanca de mesa que no le dará más que para malvivir. Por lo tanto, se mueve como pez en el agua entre mafiosas, macarras y adinerados de la época para sacar su propia tajada. Así, en el corto tiempo que sucede la acción, pasan los acontecimientos a un ritmo frenético. Finalmente, habla de un buscavidas que lo de currar es de los otros, porque él se dedicará a timar al personal que se acerque a sus entrañas y rodeará a la autoridad para que no lo trinquen y lo lleven al trullo. Su estabilidad la gana de dar tumbos por la ciudad para conseguir beneficios y pasar el momento.