lunes, 1 de junio de 2026

Enviad ayuda




 Repaso la bibliografía de Sam Raime en su camino de director: nada destacable. Me arriesgo a visionar "Enviad ayuda". Los personajes inician su presentación demasiado trivial: la subalterna en una empresa, con años de antigüedad,  interpretada por Rachel McAdams,  



desde el inicio, el trepa la quiere dejar como el patito feo, que le arrebata de las manos su trabajo de la hostia y lo entrega  a su jefe engominado hasta las cejas, interpretado por Dylan O'Brien



con la intención de clavarse las medallas frente a la comisión de jefazos con la idea de que ha realizado él solito todo el curro del informe. Nada nuevo en el horizonte de tiburones de despachos de las empresas. Espero un giro en el guion que me haga seguir frente a la pantalla. Esas primeras imágenes me llevan a la secretaria, Melanie Griffith, en este caso por ser un poco torpe, no por el punto asqueroso y cutre de la anterior, de "Armas de mujer" de Mike Nichols. Aspira a un ascenso en el puesto y si es necesario se lo dirá al dueño en su careto. Quizá hay demasiado descaro en resaltar la bella frente al guaperas rico ( la idea es mostrarla horrible como sucedía en el personaje de "La hermanastra fea" de Emille Bilifielcht) y , cuando se acerca el final, recuerda bastante a "El triángulo de la tristeza" de Ruben Ostrund



 En fin, la posición del director está en mostrar el desarrolla con un punto de ironía en la relación entre patrón y empleada. Sin embargo, hay un giro final del personaje que está un tanto forzado. Me quedo, si es que quiere resaltar las diferencias sociales entre jefe y empleada, con la sátira feroz de ese tipo de relaciones con "El buen patrón" de  Fernando León de Aranoa.

Título original  Send Help

Año                  2026

Duración          113 minutos

País                  Estados Unidos

Dirección          Sam Raimi

Guion                Damian Shannon, Mark Swift

Música               Danny Eifman

Fotografía           Bill Pope

Reparto               Rachel McAdams, Edyll Ismail,

                            Dylan O'Brien, Xavier Samuel,

                            Chis Pang, Dennis Haysbert,

                             Thaneth Warakulnukroh,

                              Emma Raimi, Bruce Campbell.



Se presenta a una mujer un tanto solitaria y con poca proyección en la oficina, pues su compañero más directo le pisa la cabeza con sus propios curros. En su vida particular, en casa, muestra el lado cutre de alguien dejado que bebe, habla en su soledad con un periquito y ve series de supervivientes. Se quiere dar una imagen descuidada, algo sucia y de perdedora. Ante la posibilidad de mostrarse al nuevo dueño de la empresa, ya que el padre le prometió un ascenso y acaba de cascar, mientras se presenta por el pasillo de la oficina, ella se muestra así, desordenada y con poco atractivo. Pero solo ha conseguido que generar asco por su descuidada presencia. Aunque le niegan el ascenso, tiene cintura para entrar en el despacho del amo y cantarle las cuarenta. Se larga en avión con los altos cargos y ella sigue siendo ridiculizada porque se ha presentado a un casting de supervivientes y ven el video mofándose de su presentación para un concurso televisivo hasta que llega el accidente y cambian las tornas. Por lo tanto, en este punto, la idea central del argumento no es otra que darle la vuelta a la situación y cambiar el rol de los personajes: el rico es pobre y la miserable es afortunada porque se defiende en el nuevo medio, una isla perdida. Ella comía las sobras de la mano de él y ahora es al revés. En esa isla desierta, la estructura va desarrollándose desde el lado de la supervivencia. Ella destaca sobre él que es un pijo sin sentido en ese espacio. Así, la estructura se va ramificando en añadidos de sucesos que cambian el guion inicial. Ella es calculadora, él inepto. Se putean mutuamente hasta la violencia más sanguinaria. En ese medio hostil de subsistencia, ella está preparada, en cambio el dueño no. Ahí, en una isla perdida en el océano, las condiciones se igualan, es decir no existe el rango de superioridad, por lo tanto las relaciones son de tú a tú. En ese medio adverso de la naturaleza de la isla, ella se encuentra feliz mucho mejor que en medio de la oficina rodeado de tiburones que se la quieren comer y con la posibilidad de darle una patada en las narices al dueño de su empresa. Finalmente, con un desmadre exagerado y sangriento, el director quiere que el espectador se pegue a la butaca, pero no acaba de cuadrar que esa modosita se transforme  en una depravada de la violencia. Con todo, es previsible.