"¿Es el enemigo? La película de Gila" de Alexis Morante es una autobiografía del humorista Miguel Gila, interpretado por Óscar Lasarte.
Cuenta las peripecias que el humorista pasó, justo antes de iniciarse la Guerra Civil española en 1936, por medio de su propia voz en "off" y que tanto supo aprovechar en sus chistes años después que lo llevarían a la fama televisiva. Su encanto era muy simple: un teléfono manual y con cable de la época y su diálogo sarcástico y corrosivo con el frente de guerra o los soldados. Lleno de espontaneidad y gracia con una voz rota que le caracterizaba levantaba las carcajadas a millones de espectadores televisivos. El relato de su vida se inicia en casa de los abuelos, él, ya maduro, pugna por deshacerse de los brazos de la abuela y el drama se plantea enseguida con el alzamiento del General Franco. Estalla la guerra y se ve presionado, pues se encuentra en zona republicana, aquella que había votado libremente el pueblo y le pilla con una edad suficiente para ir al frente de soldado. Y se ve forzado, en cierta manera, a alistarse en el ejercito, sin tener ni pajolera idea de lo que es usar un arma. Allá que se va con su amigo, Pedro, interpretado por Carlos Cuevas.
El estilo de coña e irónico se acerca a la cinta "La vaquilla" de Berlanga hasta hay una vaca de la discordia. Son soldados inexpertos que les ha tocado, por casualidad, vivir ese momento de conflicto sin tener ni idea de formación militar.
En definitiva, de esas situaciones salvajes tomaría conciencia para cambiarlas posteriormente en chascarrillos, cuando acabara la contienda, y con ellas afiló la ironía de sus chistes que siempre rondarían las calamidades del frente. Y con su chalequito verde, camisa a cuadros y su fusil Mauser 1916 se tiró al campo a matar fascistas.
Título original ¿ Es usted el enemigo? La película de Gila.
Año 2024
Duración 100 minutos
País España
Dirección Alexis Morante
Guion Alexis Morante, Raúl Santos
Biografía Miguel Gila
Música Miguel Santos
Fotografía Carlos García de Dios
Reparto Óscar Lasarte, Natalia de Molina,
Carlos Cuevas, Salva Reina,
Adelfa Calvo, Vicente Romero,
Iván Villanueva, Antonio Bachiller,
David Elvira, Paulo Pires,
Guiomar Puerta, Javier Bariandaran.
Las huelgas permanentes y la sociedad revuelta ya indicaban un conflicto a la vista. En esos momentos el humorista hace sus pinitos e imita a Charlot después de ver una de sus pelis con su abuela. En medio de un baile se comunica el estallido de la guerra y es empujado por su amigo Pedro a alistarse en el ejército para parar a los sublevados. Su abuela se niega a su alistamiento porque no quiere quedarse sin nieto, pero cuando la tozudez de una idea de juventud se mete en el cerebro ya no hay vuelta atrás. Y al frente que se van con su amigo. El cachondeo de los chistes de Gila ya se ve en la propia realidad, en un ejército republicano partido en varias fracciones: comunistas, socialistas, anarquistas. Son personal no preparados para una contienda militar que se ven metidos en la guerra sin tener ni puta idea. Evidentemente, esa desorganización y la poca ayuda del exterior les llevaría a perder la contienda. Sin embargo, Gila lleva a cuestas su humor que lo va repartiendo en el camión de los soldados republicanos que van al frente por medio de dibujitos a los futuros soldados que se encuentran cagados de saber que han de disparar contra otros y posiblemente morir, cuando por su juventud no toca eso. Así, esos reclutas inexpertos perdidos en la montaña y rodeados de franquistas hablan de sus penas en corro y con un palo en la oreja como contándolo por teléfono a algún familiar las penas que les vienen a la cabeza, como si fueran ya ellos mismos cadáveres antes de serlo. Eso sería el germen de sus chistes en el futuro. Y parece que las risas, frente al batallón de fusilamiento en una noche que diluviaba, le hacen un escudo a las balas que rebotan en su cuerpo y lo dejan sin llevarlo al otro barrio. El humorista llega a Madrid, porque lo atropella un coche, y ve a sus abuelos chalados perdidos por culpa de la guerra y se vuelve el frente para encontrar a su amigo y entregarle un regalo, pero está en primera línea y de allí parece que la palmará seguro. Y, años más tarde, en su espectáculo, recoge la escena que contaba en sus chistes que el día que un pelotón de fusilamiento lo iba a liquidar diluviaba y los fusiles se encasquillaron o las balas se desviaron. Con ello se ganó un reconocimiento como uno de los mejores humoristas del momento. La cuestión es que lo pudo contar varias veces en sus monólogos frente al público o la cámara de la tele. Finalmente, las guerras, por desgracia, no son cachondeos, pero en este caso, Gila se descojona de ella para hacerla más llevadera y no obsesionarse con que va a morir a las primeras de cambio. Sin embargo, Gila triunfó años después encima del escenario como monologuista con un teléfono de la época y la pregunta inicial:"¿Es usted el enemigo...? Que se ponga".




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