"Siempre es invierno" es la película de David Trueba que adapta de su propia novela "Biltz". Se inicia con una ruptura de una pareja de arquitectos en el extranjero que llevan un proyecto a una exposición.
Ella, interpretada por Amaia Salamanca, en un bar, envía un mensaje por el móvil a su compañero, interpretado por David Verdaguer, por error o intencionado, de la conversación con su nuevo amante.
Esto ya los pone en alerta. La historia, desarrollada en Bélgica, se fragmenta por los meses del año, en los que van sucediendo acontecimientos. El tío no cree nada en su exposición. Se va a levar el gato al agua su competidor de siempre. ( recuerda el papel de Mikel Esparbé en "Una vida no tan simple" de Félix Viscarret) Así, se siente perdedor antes de iniciar su explicación. No confía en nada de su persona. Se centra en el deambular de esa persona que le van mal las cosas: en lo profesional y, posteriormente, en lo afectivo con su mujer que lo mandará a paseo.
La soledad y el abandono, que lo une con un paisaje desolado por el frío, lo hace más penoso. También la maqueta de su proyecto entre su brazo es un símbolo de su fracaso que lo acompaña en muchas imágenes. En fin, el arquitecto va dando bandazos contra su triste realidad: que lo deje su novia a quien quiere, y se enrolle, por caridad, con una anciana, eso comenta él con desprecio.
Es decir, va con su fracaso encima sin poder desprenderse de la maldición de su derrota personal. Eso: una vida de patinazo personal.
Título original Siempre es invierno
Año 2025
Duración 117 minutos
País España
Dirección David Trueba
Guion David Trueba
Novela Bilz, David Trueba
Música Maika Makovski
Fotografía Agnes Pique Corbera
Reparto David Verdaguer, Jon Arias,
Isabelle Renauld, Vito Sanz,
Amaia Salamanca, Carla Nieto,
Violeta Rodríguez, Xinyi Ye,
Naiara Carmona, Elsy Gomes,
Tanguy de Backer,
Anna Miñana, Ninoska Linares.
Los acontecimientos se producen en los meses del año: enero es donde se produce la ruptura personal y profesional. El protagonista cae en un abismo. La pareja con una relación rota se dirige hacia una presentación de un concurso donde pueden ganar una pasta y salir del bache. El tipo acarrea bajo el brazo una maqueta que es la garantía de que se salve una empresa en ruinas. Hace un frío que te cagas y la organizadora del evento les viene a buscar. Él, de entrada, no cree en su proyecto, piensa que es una mierda. Las insinuaciones sexuales con su compañera invitan, en un hotel de lujo, pero no prosperan. Los silencios son tensos, dramáticos. Sin apenas mediar conversación, le jode que lo deje su pareja por un triste cantante. Por lo tanto, no tarda en quedarse solo por un parque como un pingüino en medio del hielo. Es un alma en pena que no es capaz de salir del bache existencial en que está metido. Se enrolla con la encargada del evento, mucho mayor que él. Ella lo invita a su casa por caridad, él ataca la presa como un león en celo. Su decepción hace que envidie a todo lo que se mueva a su alrededor. No tiene la menor sensibilidad y es capaz de llamar vieja a quien lo ha acogido y dado cierto cariño. Luego, cuando vuelve a casa derrotado del concurso, enumera el resto de meses del año como un paso veloz del tiempo: cierra su negocio con su socio; se pira a Barcelona a mendigar un puesto de trabajo a quien le ha quitado el premio del concurso; visita Calanda, ciudad natal de Buñuel, y sus fiesta de tambores como expresión de desahogo; su maqueta olvidada en el ligue de Bélgica hace su aparición como un recuerdo del pasado efímero; aburrimiento en el despacho; boda de su rival, ahora compañero de curro; un verano helado por culpa del aire acondicionado; otros ligues a la vista; proyecto con el coreano famoso, triunfo cercano; folla con su ligue. Diciembre es el fin de un trayecto banal; vuelve el frío en navidad. Se cruza con su pareja inicial junto al jodido cantante, se decide ir a Mallorca e iniciar el año con su compañera belga. Para acabar, el tipo mantiene su ego demasiado alto, pero en ocasiones esas ínfulas de superioridad le gastan malas pasadas y se ve ridiculizado por las circunstancias. Pone al desnudo ciertas imbecilidades del ser humano frente a la sencillez de otros.





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