"Honey Don't" de Ethan Coen ( dividido en dos baja el nivel de calidad) hermano de Joel con una filmografía abundante que solo recordaré dos films excelentes "Muerte entre las flores" y "Fargo" que aquí, en cierta manera, sigue unos patrones parecidos: la detective que va detrás de un caso de unos matones. Sin embargo, se producen cruces de guiones con un final parecido a "Instinto básico" cambiando el tema sexual por uno de lesbianas con un desenlace muy trillado. El guion es un galimatías insulso, pero se puede rescatar la paleta cromática de colores, la iluminación y la fuerza de la actriz hace que el resto se diluya y no nos importe nada para engancharnos.
Aquí vemos una historia atemporal que se podría producir hace cuarenta años en cualquier lugar de una zona medio desértica de Estados Unidos. Se inicia con un accidente de tráfico que parece provocado, porque nada más cometerse aparece una buitre que arranca un anillo del dedo de la fallecida y se lo lleva. Pronto aparece Honey, detective privada, interpretada por Margaret Qualley,
durante todo el tiempo, que aparece su careto, no nos podemos quitar de encima su belleza, pese a su peinado e indumentaria retro que lleva encima, viene a la cabeza el papel de pibón que hace en "La sustancia" de Coralie Fargeat. Esto seguirá vivo mientras mueva sus contornos delante de la pantalla. El policía que atiende el accidente está cansado de echarle los tejos, pero ella ni se inmuta y no se corta ni un pelo en responderle que le gustan las tías y que la deje en paz.
Ella seguirá esa muerte sospechosa y rondará los lugares cutres que recorría la asesinada, como una secta religiosa, viciosa varios con unos padres golfos por compañía. Para acabar, no está exenta de violencia, pero carece del interés y no te atrapa como las pelis de los dos hermanos. Mejor que se unan de nuevo. No es suficiente con una actriz potente que tire del carro de un guion flojo, pero las imágenes nos atrapan a no abandonas ni pestañeas, pese a todo.
Título original Honey Don't!
Año 2025
Duración 90 minutos
País Estados unidos
Dirección Ethan Coen
Guion Ethan Coen, Tricia Cooke
Música Carter Burwell
Fotografía Ari Wegner
Reparto Margaret Qualley, Chis Evans,
Aubrey Plaza, Kristen Connolly,
Charlie Day, Gabby Beans,
Billy Eichner, Talia Rider,
Don Swayze, Chistian Antidormi,
Lera Aboda, Josh Pafchek,
Lena Hall.
Honey, detective privada, que anda con sus tacones altos y tiene pinta de bailarina, lleva el caso de una fallecida que había confiado en sus servicios. Todavía no se había visto con ella y ya la había palmado en la carretera. Sigue los pasos por donde discurría su existencia. A todo esto, el reverendo, que es un follador de mucho cuidado, está inmerso en la muerte de la tía, porque acaba de entregar un maletín con pasta a la chica que se ha cargado a la del accidente a cambio de un anillo valioso. Mientras, el policía, que sigue tirándole los tejas a la detective guapa, pese a que ya le ha dicho que es lesbiana, no le interesan los tíos, no moverá ni un puto dedo en descubrir algún tipo de pista que diga lo contrario de ser un accidente de tráfico. La detective no parará hasta dar con la verdad. Pasa la historia sin una trama potente, con un entramado torpe, pero con unas imágenes que te capturan. Ésta acude a la casa de los padres de la víctima, que parecen poco afectados por la muerte de su hija, además de considerarse superiores frente al resto de mortales cuando realmente parecen escoria pura y dura. "Ellos van en coche, dicen delante de ella, no en autobús como la escoria", cuando tienen una pinta que da puro asco. De ahí no va a sacar demasiada información. Por tanto, la trama pasa por averiguar el lado oscuro de ese fiambre y por qué había quedado con una detective. Sin embargo, aparecen pistas sospechosas que le llevan al sacerdote mafioso con un ego subido y sus fotos colgadas en la pared mientras da el discurso macarra a sus feligreses. El tipo, que busca pringados que trabajen para su causa, lo que pretende es follar y trapichear con droga y mierdas varias. Finalmente, la peli tiene clase y maneras, pero se queda corta de intriga, corta de estructura narrativa, corta de propuestas, pese a meter con calzador tramas secundarias que no llevan a ningún lugar. No basta con poner a un matón religioso y una detective hermosa, que su amante la masturba en la barra del bar, y echarlos a andar por la pantalla como el gato que persigue al ratón. Eso un cóctel de barullo: lesbianismo intenso, curas mafiosos y fanáticos, personal cutre y machista con un final tramposo y sacado de la manga. El imaginario de los hermanos Coen todos revueltos, puestos ahí en tropel. Unidos mejor que separados.




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