La chica protagonista, interpretada por Blanca Soroa, siente una atracción especial por el mundo religioso. Su tía, interpretada por Patricia López Amaiz, ( mejor actriz principal en los Gora 2026) la va a buscar de fin de semana y le cuenta las batallitas que ella realizaba cuando tenía su edad.
La protagonista confiesa que siente un deseo interno por casarse con Dios. Aquí el guion le da la vuelta al guante de la trama habitual, es decir, si en épocas remotas, la mujer era castigada con ingresar en un convento por alguna falta mayor, haberse quedado embarazada, por ejemplo, o por algún adulterio o burguesas que eran castigadas eternamente por cualquier otro motivo. Eran decisiones caciques y machistas que con cualquier excusa era suficiente para enterrarla en vida detrás de cuatro paredes durante toda si existencia. En este caso, vemos que la decisión es exclusivamente personal, la cual cosa se hace raro que en el siglo XXI una adolescente tome esa decisión. No acabamos de creerlo. Apreciamos en las primeras tomas que la adolescente se encuentra poderosamente atraída, por no decir poseída, por una luz especial.
Así las cosas, la directora espiritual, interpretada por Nagore Aramburu, ( mejor actriz de reparto en los Goya 2026) ya le tiene comido el cerebro y la ha captado para que ingrese en el convento, pero con la negativa de su padre y la otra más audaz de su tía que rechazan ese tipo de vida. Ésta última intenta, por todos los medios, sacarle de la cabeza los pájaros divinos que vuelan dentro de su ser, pues con diecisiete años no puede entregarse a esa idea penosa que le pasa por la cabeza. Ante el fanatismo o la fe ciega de la joven, la tía nada puede hacer. La continuación de lo que pudiera pasar ahí adentro, detrás de las puertas del convento, se puede intuir en una versión particular en "Benedetta" de Paul Verhoeven.
Finalmente, la estructura se detiene en esa convicción acérrima de la chica en entregar su vida a Cristo y la disputa que se abre en el seno de su familia, especialmente con su tía, porque falleció su madre hace años, que se oponen en redondo a que tome esa decisión.
Título original Los domingos
Año 2025
Duración 110 minutos
País España
Dirección Alauda Ruiz de Azúa
Guion Idem
Música David Cerrejón
Fotografía Bet Rourich
Reparto Blanca Soroa, Miguel Garcés,
Patricia López Armaíz,
Juan Minujín, Mabel Rivera,
Nagore Aramburu, Lier Alava,
Itziar Aizpuru, Noe Chiroque,
Bego Aristegui.
Unas adolescentes temerosas de que las pillen están haciendo botellón en una habitación oscura. Suponemos que se encuentran en un lugar que no debieran estar. Amanece y se encuentran en literas, en un centro de estudios de monjas. Una de ellas se desplaza hacia la iglesia. Le atrae los rezos de las religiosas. Sin embargo, mantiene una amistad normal con las chicas de su edad fuera del centro donde estudian. El primer escollo que encuentra la joven, cuando ya ha decidido probar un tiempo de votos con las hermanas, es el consentimiento del padre que no acaba de entender qué cojones va a hacer con cuatro viejas. La familia es religiosa, pues la hermana pequeña toma la comunión, pero de ahí a ingresar en esa cárcel dista una barbaridad. Ante los símbolos espirituales, se encuentra completamente hipnotizada que le recuerdan la senda por donde encaminarse, como la medalla que le regaló su madre y le dijo que esa virgen la acompañaría hasta el final de sus días. Confesada su decisión a la tía, el tema de la convivencia con las monjas, ella le dice que ese paso es muy serio y que debe reflexionar. La tía, cuando se lo cuenta, es comprensiva, pero de ahí a que su sobrina entregue su cuerpo y alma a Dios va una eternidad. La joven le replica que ya ha pasado por esa contradicción interna de no creer en esa luz que asoma en su camino, pero ahora ya está plenamente convencida de que eso es lo mejor para ella. Explica que siente un amor hacia Él difícil de explicar. Eso un amor divino, no carnal que la posee espiritualmente. Cree en ese Amor puro y espiritual que apenas puede explicar a su tía. Ésta le dice que hay tiempo para todo y primero que experimente en otras campos y luego ya decidirá con más argumentos. De hecho, pasado un tiempo, contacta con sus amigas para ver si son capaces de quitarle la idea por medio de un chico. Sin embargo, avanza el desarrollo y entendemos que está pillada completamente. El cura, asesor espiritual, esgrime sus armas que apoya su proyecto frente al padre, en una reunión, que se siente desarmado. Ante la presión, el padre de la joven cede, pero la tía no parará por ahí hasta que le quite la manía. El plan es el de ponerle de cebo la carne pecadora de un chico de su edad y la juerga de los guateques. El dilema sigue, pero la parte del convento tira más que la otra, pues la tía se ha quedado sola ante el resto. Ésta no dará su brazo a torcer y luchará contra el sectarismo religioso. En fin, hay una pugna entre tía y sobrina: por una parte, está la joven que quiere entregarse en cuerpo y alma al Señor, por la otra parte, la de la tía, en hacerle ver que eso no es su futuro que antes lo debe meditar después de experimentar otras posibilidades vitales. No se puede encerrar con cuatro viejas. Se debate entre el amor terrenal o el amor divino. Pero el cura joven le tiende la última trampa:¿Y si el señor te habla a través de ese joven a quien quieres?





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