miércoles, 21 de enero de 2026

Bird



Andrea Arnold, desde la sensibilidad y la empatía, por las imágenes siempre tiernas, se detiene en los adolescentes que han pasado por caminos de espinas en sus primeros años de existencia. Se coloca en un ambiente cutre de unos padres inconscientes que van a su rollo y los adolescentes, nada de acuerdo con su forma de actuar, se rebelan contra ellos. Lo hacía en "Fish Tank", donde la hija rechaza al tipo que no es su padre y se ha enrollado con su madre; "American Honey" ( premio del jurado en Cannes del 2016, pese a la mala crítica) aquí la joven busca un grupo de parias donde refugiarse después de huir de la familia. En "Bird", que nos ocupa ahora, se inicia con la misma temática: un padre tatuado hasta las cejas, 



interpretado por Barry Keoghan, ( "Saltburb" de Emerald Fennelli) que le cuanta a su hijo que se va a casar de nuevo y ahí empieza la bronca. Acaba de enterarse y le parece una gilipollez como todas las que hace su padre. Su estancia se encuentra en un suburbio y el piso, con grafiti por todos los lados, da la sensación de que es de un ocupa o que está abandonado. 



La trama sigue los pasos de Bayley, interpretado por Nykya Adams, de doce años, que quiere desligarse de las opiniones y las órdenes que le da su padre. En esa escapada de la adolescente se encuentra en el campo con un tipo estrafalario llamado Bird, 




interpretado por Franz Rogowski, que se muestra divertido y en él encuentra la única salida a sus problemas. En fin, la chica piensa escapar a las pretensiones de su progenitor. Estamos ante la misma trama de las anteriores pelis de la directora: joven dando tumbos de un lado a otro sin nadie capaz de que la guíe.

Título original Bird

Año                2024

Duración        119 minutos

País                Reino Unidos

Dirección        Andrea Arnold

Guion             Andrea Arnold

Fotografía      Robbie Ryan

Reparto          Kykkya Adams, Barry Keoghan,

                       Franz Rogowski, Jasmine Jobson,

                       James Nelson Joyce,

                       Joanne Mathews, Rhis Yates,

                        Jason Buda.





La mirada comprensiva de la cámara en los suburbios deja un resquicio de oportunidad a los protagonistas. Y es en ese trasfondo de grafiti donde se encuentra la adolescente, junto a otros de la misma calaña, perdidos en el espacio, que no la salvarán, en la búsqueda de una salida que nadie le da. Ésta se niega en redondo a asistir a la boda de su padre que está pirado. Ella se siente arrastrada por los chicos más mayores del barrio que pretenden dar un golpe a una casa de ricachones. No tiene más refugio que ir por libre cuando la rechazan. En ese ambiente cutre, la naturaleza y los animales que circulan por allí se hacen presentes, se manifiestan como un símbolo de aquello que ella desea: libertad. El caballo, por ejemplo, es uno de los símbolos que utiliza normalmente la directora con ese sentido. Siente las sensaciones de escaparse para siempre de las garras de su padre, eso es lo que busca. Mientras que su padre  está ocupado en el ritual del sapo para intentar alucinaciones con sus colegas, ella a lo suyo: se escapa de sus garras. El bloque suburbial donde vive está separado de la urbanización por un largo puente que cruza constantemente para buscarse la vida en una zona donde se puede conseguir pasta fácil, pidiendo o robando, y tropieza con jóvenes de la misma calaña que ella, sin rumbo, perdidos en el espacio. Ella, sin saber por qué, le atrae las chorradas que hace un tipo raro que aparece de la nada y se ha subido a la azotea del bloque más alto. Siente una atracción especial por alguien que le acaba de prestar un mínimo de atención. Bird, que así se llama el tipo extraño, que busca a su familia y ella intenta ayudarlo. Sin embargo, la trama se ramifica y la chica deja al colgado y se va en busca de su madre para que la ayude y se la encuentra con un amante que se mueve por su cama. Por lo tanto, por un lado, la joven si mira hacia su padre capullo metido de lleno en la droga y, por el otro lado, su madre se encuentra con un macarra metido en el lecho con muy mala leche. Por todo eso, encuentra motivos más que suficientes para desligarse de esa lacra que la sujeta y oprime. Finalmente, el mundo se contempla desde su prisma de adolescente encarcelada y ante sus ojos constantemente se ven volar las gaviotas, las mariposas y correr los caballos por su lado como a ella le gustaría disfrutar, pero no puede. Ese mundo que miran sus ojos es el que le gustaría vivir y el que conseguirá el día que sea libre.

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