"Cuando cae el otoño" de François Ozon ( no vamos a descubrir al director a estas alturas y sus películas siempre han profundizado en los personajes para crear una polémica que te mantiene atento. El juego, por ejemplo, entre la realidad y la ficción en "En la casa"; la prostitución como un tema central que se daba en "Joven y bonita" y muchas otras interesantes) se centra, en sus primeras imágenes, en el personaje principal: una anciana, interpretada por Helene Vincent, con cierta capacidad de vitalidad en sus acciones.
La encasilla en un determinado modelo de persona: es creyente, pues escucha el discurso del cura en la iglesia, confiesa y desarrolla actividades caritativas con una vecina que acompaña a un lugar que puede ser una cárcel donde está condenado su hijo periódicamente que es el otro camino de la trama. Sin embargo, veremos que su actividad profesional de sus tiempos jóvenes está muy alejada del tema religioso. La llamada de teléfono de su hija, que parece la va a visitar, suponemos que será el hilo conductor de la trama. Y avanzado el argumento, esa otra familia sin parentesco alguno, le llenan y le complacen más que la suya propia. El director juega siempre en ese doble plano de lo que vemos en la pantalla y lo que realmente esconde que también lo percibimos. Entonces pensamos que las cosas son apariencias y detrás se esconden otras realidades que nunca salen a la luz.
Finalmente, muestra las diferencias de dos momentos de la existencia: la de una abuela que ha llegado a esa paz total, con un pasado oscuro y rechazado por los suyos, y la de la hija en conflicto permanente. Eso es una bomba activa que chocará constantemente. Lo dicho: la pobre anciana samaritana está rodeada de sabandijas que siempre quieren chuparle la sangre.
Título original Quand Vient l'automme
Año 2024
Duración 102 minutos
País Francia
Dirección. François Ozon
Guion François Ozon, Philippe Piazzo
Música Evgueni Galperine, Sacha Galperine
Fotografía Jerome Alméras
Reparto Helene Vincent, Josiane Balasko,
Ludivine Sagnier, Garlan Erlos,
Pierre Lottin, Paul Beaurepaire,
Malik Zidi, Sophie Guillemin,
Vincent Colombe.
La anciana, que vive tranquila en sus tareas de campo, es profundamente religiosa, caritativa y le gusta recolectar hortalizas, cuidarse en sus comidas, lectura al final del día mientras ve un documental; pero la llegada de su hija rompe con el ritmo establecido. Hasta ese momento sus ocupaciones son muy metódicas: va a buscar setas con su amiga y luego las comprueba en un libro antes de cocinar, no vayan a ser venenosas. No se altera y da la sensación de que pasa sus últimos días en felicidad con el duermevela del chasquido del fuego en la chimenea. La llegada de la hija, con su nieto, ya indica que la relación no irá por buen camino, pues su primera entrada ya comenta, la hija, que ha sido un asco la salida de París. Después de que la madre se ha esmerado en preparar un plato suculento y apetitoso, ya, de entrada, es despreciado, porque se han comido un bocadillo a medio camino y pasa de su comida. Así, los conflictos aparecen a las primeras de cambio con el ex marido: que si el niño pasará todo el verano conmigo y no contigo. Una manera de joder al niño de ocho o diez años que se ve involucrado en el conflicto y pensando que es él el culpable. La madre del niño tiene dependencia del móvil, casi enfermiza, que es incapaz de quitárselo de la mano, pero resulta curioso, pues al niño le tiene prohibida el portátil. Esa relación madre, anciana son tensas, porque se están lanzando pullas a cada minuto. Ninguna es capaz de empatizar con la otra. La abuela con mucho sentido cuerdo y la hija con su mirada material de conseguir los intereses económicos de la anciana a toda costa. Por ejemplo, que ponga la casa de campo a su nombre y así cuando muera no pagará intereses al Estado. Si ya te di el piso de París, contesta la pobre anciana. A todo esto, el nieto: ¿"se va a morir la abuela"? Todavía se puede complicar más después de comer unas setas que pueden ser venenosas. Ese altercado rompe la relación más de lo que estaba antes. Aparece la soledad y un sentimiento de culpabilidad por el envenenamiento. En el fondo, la señora anciana se siente abatida de pensar las relaciones penosas que sostiene con su propia hija y de no entender qué ha hecho para que esté en esa situación. Intenta siempre hacer el bien, pero no recibe nada a cambio. Como parece que no hay suficiente conflicto, se abre otra vía con el hijo de una amiga recién salido de la cárcel. El director va sacando ases de la manga como por ejemplo un posible asesinato, no se acaba de saber, por una elipsis, que la madre del presunto homicida, beata de tomo y lomo, se dedicó a la prostitución con ello queda un tanto disculpada la rabia que su hija le tiene y deja en el aire su muerte. Van apareciendo morcillas de intriga que mantienen atento al espectador,¿ quién será el verdadero asesino? En fin, la armonía del inicio y las ilusiones efímeras de la llegada de los familiares se convierte en una constante de golpes bajos a cada nueva conversación que se abre entre las dos mujeres. La película discurre en dos planos: el de la verdad oculta, que aparece en el momento menos esperado; y el de la mentira, que se muestra ganadora y pretende esconder la verdad sin conseguirlo. Por lo tanto, muestra la maldad humana que se oculta en el rincón más inesperado.



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