Mady, interpretado por Jonathan Feltre, es un cerrajero nocturno que se dedica a dar servicio a aquellos despistados que se olvidan o pierden la llave, luego va el tipo y en un pis pas la abre.
Y caer en la red de esos tipos, que le van a pedir cuenta del dinero robado que no tiene ni idea, le va a resultar casi imposible. Recuerda, con sus diferencias claro a "Jo, ¡qué noche!" de Martin Scorsese, pero nada que ver, me quedo claramente con la última. En fin, un thriller de matones sin escrúpulos que se cepillan a todo bicho que se les cruce en su camino. Se quedará en el olvido rápido.
Título original La nuit se Traine
Año 2024
Duración 97 minutos
País Bélgica
Dirección Michiel Blanchart
Guion Michiel Blanchart
Música Tanguy Destable
Fotografía Sylvestre Vannoorenberghe
Reparto Jonathan Felktre, Jonas Bloquet,
Natacha Krief, Romain Duris,
Thomas Mustin, Sam Louwyck,
Guillaume Kerbusch, Claire Bodson.
Un cerrajero que se encuentra en una encerrona, sin apenas saber como, y dentro de un piso. Se ve obligado a pelear porque el dueño del piso pretende darle una paliza de muerte. El cerrajero que se encontraba allí para salvarle la vida a una tía que se había quedado fuera de un piso y pide ayuda; ahora se ha ido por piernas y tiene que emplearse a fondo con un grandullón que quiere reventarle la cara sin saber por qué. Acaba de liquidar a un tío que no conoce ni sabe el sentido de la situación en que se ha visto implicado: con un fiambre en el suelo y un puñal en sus manos. Se encuentra con el marrón de un muerto y lo primero que piensa es llamar a la policía. Pero considera que su versión es poco creíble y mejor será limpiar las pistas de las huellas y pirarse a esa tienda cutre donde acaba de pedir un teléfono. Mejor es volver al piso y borrar las pistas, pese a que él no es un profesional del crimen, aunque sabe que está jodido y hace lo que puede. Así, entre caer en las manos de la policía o en las zarpas de los mafiosos no hay mucha diferencia. Y es en estos segundos en los que acaba de tropezarse. Los mafiosos le piden la pasta robada y él se siente confuso sin entender nada de lo que le preguntan. Sin embargo, los delincuentes no van a parar hasta que les devuelva eso que él no tiene ni puta idea. Se rinde ante la evidencia de las pistolas encañonadas en su careto y busca a esa mala pécora que lo ha dejado con ese marrón. Los violentos lo controlan. Los gánsters no se fían del cerrajero y aplicarán sus métodos de tortura para averiguar la verdad y quién se ha llevado la pasta. Ahora toca largarse con los matones de poco pelo y buscar en los burdeles a la prostituta que le ha pegado el palo. El enredo se lía más cuando uno de los mafiosos estaba compinchado con la chica para largarse con el dinero. Finalmente, el cerrajero se llevará los golpes y las culpas del robo, cuando dentro del clan mafioso está lleno de escorpiones. Entretenimiento sin más. Se ve y se olvida ya, al mismo tiempo o antes de terminar.



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