Ella, interpretada por Patricia López Amaiz, ( "Nina", "20000 especies de abejas", entre otras) mantiene con su pareja una proyección de futuro porque está metida en el arreglo de una casa que, al mismo tiempo, contrasta con la decrepitud y falta de futuro de su ex, marido, interpretado por Antonio de la Torre.
La hija lo quiere atender, porque en ese estado le queda poco recorrido y le da lástima. Abandona sus clases y su vida en la ciudad, si es necesario, para llevarlo al médico, atenderlo, aunque se resiste. Busca encontrar sensibilidades en los momentos más críticos del ser humano por pura compasión.
Finalmente, esa adolescente que mantiene el sentimiento familiar por su padre es el puente para que su madre se implique de nuevo con su ex pareja. Pues eso: que dar la espalda a la muerte no sirve de nada, porque de un momento a otro se presenta y nos arrebata la existencia. Se palpa la muerte y eso jode. No levanta el ánimo, no.
Título original Los destellos
Año 2024
Duración 101 minutos
Dirección Pilar Palomero
Guion Pilar Palomero
Relato Eider Rodríguez
Música Vicente Ortiz Gimeno
Fotografía Daniela Calleja
Reparto Patricia lópez Arnaiz, Julián López,
Antonio de la Torre, Ramón Fontserè,
Marina Guerola, Rubén Martínez.
El tema central del conflicto es la mediación de una hija en un tema delicado: la enfermedad terminal de su padre. En cambio su madre muestra indicios de que se ha enamorado con otra persona y está dispuesta a pasar página y emprender un nuevo camino ilusionante. En esa situación, la hija es el nexo de unión entre los que en el pasado fueron pareja y crearon a un ser. Por lo tanto, pese a que ya lo dejaron, ahora la hija le recuerda, a su madre, que no lo puede abandonar como a un perro. Ella quiere escaquearse de ese marrón, porque se encuentra enamorada de otro hombre y con otro proyecto de vida, pero la hija insiste para que se preocupe por él. Así pues, la madre se siente casi obligada a asistir a su casa para ver con sus propios ojos lo que le sucede. No quiere descargar todo el peso sobre su propia hija. Cuando llega, el descuido del perro y de la casa ya son indicios mas que suficientes para percatarse de la gravedad. En ese lugar, donde el reloj de pared suena más fuerte que de costumbre como si el tiempo y los segundos cuentan más que nunca, porque la muerte está cerca y el tiempo ya apenas cuenta para el enfermo que se esconde en su guarida del cuarto. El paso del tiempo no importa para él:" no llegará al verano", dice su hija. Ese reloj insiste en aparecer en muchas de las tomas como un personaje de plástico más de la peli. Y, a duo, en ese final, se une el ruido espantoso de la máquina de respirar. El conflicto llega cuando la madre no quiere atenderlo, pero al mismo tiempo obliga a su hija a que no pierda las clases y sus estudios, pero la adolescente no está nada de acuerdo con ella. Es el momento en que entra en juego el equipo sanitario que pretende preparar al enfermo a morir. Son profesionales del fallecimiento, de palmarla dignamente, Quieren fijar un colchón de comodidad sobre el paciente por medio de preguntas, intimidad que sienta bien al enfermo, si es que le llega la hora ya. A él le jode, sobre todo, no ver el desarrollo de su hija y su futuro. El profesional de defunciones le contesta que hay que vivir el momento que la partida ya llegará por muy mal que se encuentre. A la muerte se la mira de frente sin esquivarla. "Hay que saber, todos, dirigiéndose a la hija, que tenemos fecha de caducidad". Por eso, pasan los últimos momentos sin pensar en nada. El que se va siempre deja un poso a alguien, un recuerdo que persistirá en los vivos, mientras las generaciones pasen. En definitiva, es la espera de que llegue el momento fatídico cuanto antes de ese ser que en su día fue feliz con su mujer y ahora es un estorbo. En medio se mezclan recuerdos del pasado con su pareja que evocan una felicidad compartida que jamás volverá. Los últimos días son despedidas agónicas: de tus amigos, de tu ex mujer, de tu hija, de la naturaleza hasta que llegue el silencio definitivo.




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