"Los últimos románticos" de David P. Sañudo ( director de "Anne") indaga en un cine social desde el primer minuto de metraje. La protagonista, Irune, interpretada por Miren Gaztañaga, entra en su bloque donde vive y recoge todas las papeletas de anuncios que sobresalen del buzón y las echa directamente en el contenedor de la basura.
Este gesto en sí ya demuestra una denuncia del buzoneo de la propaganda comercial y el hecho de estar en contra de esa forma de torpedear a los inquilinos. Incluso una vecina le da las gracias por sacar esa porquería del buzón. Desaprueba el medio que la rodea. Al mismo tiempo, está completamente descontenta con el trabajo que lleva y los pasos que da en su vida. Lo que le faltaba, para colmo de su desgraciada existencia, es encontrarse un bulto en el pecho, un tumor que la mantiene mosca. Cuando decíamos tema social al inicio, está también el componente del trabajo donde se han de aguantar las recriminaciones del encargado de su empresa por el temor al despido. Se siente castigada y reprimida de aguantar las broncas constantes, además de las huelgas que se realizan a dos metros de su trabajo. Es cierto que siempre ha vivido al margen de conflictos y nunca se ha planteado una existencia de batalla de guerra contra el mundo de empresarial como apuntarse a un sindicato, pero ya no puede más. Se siente acorralada de un pasado horrible y un futuro incierto. Sin embargo, las cosas pueden ir a peor: que se quede sin trabajo que la vecina se enemiste con ella por culpa del hijo de ésta y así irá en picado hacia otra forma de existencia fatídica.
Es un personaje solitario, triste, oscuro y ensimismado en sí misma y sin capacidad de superar su situación. Finalmente, vemos esas neuras de la joven con depresión después de la muerte de su madre. Tardaré muy poco en olvidarla.
Título original Los últimos románticos
Duración 192 minutos
Año 2024
Dirección David P.Sañudo
Guion David P.Sañudo, Marina Parés
Novela Txani Rodríguez
Música Beatriz López Nogales
Fotografía Víctor Benavides
Reparto Miren Gaztañaga, Maika Barroso,
Eric Probanza, Itziar Aizpuru,
Ignacio Mateos, Joan Solé,
Font García, Ion Zumetaga.
La cámara sigue los movimientos a la salida del trabajo de una chica. Nada especial: vuelve con la compra de los objetos más urgentes, un paquete de papel del váter. Se prepara una cena rápida, pan de molde con atún en lata. Algo rápido para irse a la cama y descansar antes de que llegue el próximo día de entrar en el jodido curro. Vive en un bloque miserable, donde se oyen las broncas de los matrimonios, pero ya está acostumbrada. Su tortura es diaria, por un lado, le han encontrado un tumor y ella se cree que se morirá como su madre de un cáncer o algo así; por otro lado, aguanta las broncas del trabajo, pero ya no puede más. Esa mujer que realiza cada día la misma actividad se encuentra más sola desde que murió su madre y no encuentra el sitio adecuado. Además, los vecinos parecen hacerle putadas y cuando no se topa con colillas, son meadas del vecino de puerta. La falta de su madre, fallecida hace poco, le ha afectado tanto que se encuentra un tanto perdida. La protagonista tiene un curro chungo y sueña con fantasías de viajes que solo están en su mente. Así, el tema es un círculo vicioso en esa superación del duelo por la muerte, imposible de aguantar. En definitiva, narra la vida de una chica con complejos y una proyección incierta de su futuro con el agravante de un tumor en el pecho que le cambia la visión del mundo.



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