"Un simple accidente" ( Palma de Oro en el festival de Cannes 2025) toma como punto de partida la venganza. Jafar Panahi, director iraní, extrae de su experiencia en la cárcel las posibilidades que se abren en el supuesto caso de que te encontraras en tu camino, estando en libertad, con un presunto carcelero que ha sido tu torturador. Su legado cinematográfico está enfocado en criticar la tiranía de su país y mostrar la sociedad que lo rodea y eso mismo es lo que le lleva a la prisión constantemente. Así, por ejemplo, en "Los osos no existen" ( Premio especial del jurado en Venecia 2022) se coloca él mismo como protagonista de la cinta como director que pretende grabar unas escenas y mantiene una pugna con las autoridades que se encuentra en su camino; o en "Taxi Teherán", Oso de Oro en el festival de Berlín 2015, donde se coloca al volante de un taxi y recoge las opiniones variopintas de sus pasajeros.
Decíamos que el argumento se trata de un ajuste de cuentas donde un tipo que ha sido apalizado en la cárcel por un encierro injusto, se encuentra con ese supuesto bruto y quiere cargárselo, pero no está seguro de que sea él realmente y se acerca a otros que padecieron lo mismo para que lo verifiquen. En ese impasse de tiempo ocurren muchos hechos que pueden cambiar de opinión. Evidentemente, la idea parte de una posible situación en que te puedes encontrar con el cabronazo que te ha estado machacando en la celda y no lo puedes dejar escapar. Pero se abre la duda de ser igual que ellos de vengarte contra una mala bestia, con los mismos métodos.
En fin, esa es la premisa de una decisión que debe tomar en un tiempo determinado, donde te puedes cruzar con esa persona que te ha jodido la vida para siempre. Aparece la rabia almacenada en el tiempo. ¿Cómo vas a actuar frente a esta casualidad que te ofrece la circunstancia?
Título original Un simple accident
Año 2025
Duración 105 minutos
País Irán
Dirección Jafar Panahi
Guion Jafar Panahi
Fotografía Amin Jaferi
Reparto Ebrahim Azizi, Madjid Panahi,
Vahid Mobasseri, Hadis Pakbaten,
Mariam Afshari, Delmaz Najafi,
George Hashemzadeh.
La trama parte de una familia, que da una imagen de ser casi ideal, perfecta: madre, niña contenta y un hijo que pronto llegará, que tienen un percance con el coche en medio de la noche. Paran en un lugar para que les solucionen el problema y, por casualidad, allí en el piso de arriba se encuentra una persona que conoce al recién llegado, sin verlo, por el sencillo ruidito que hace su pierna ortopédica al caminar. Cree que, por su cojera, es el carcelero que en su día lo torturó en la trena. Se obsesiona con esa persona y lo persigue hasta su domicilio, noche y día. No para hasta que lo atrapa y está decidido a vengarse de sus barbaridades cometidas contra él. Por eso, lo que le viene a la mente es enterrarlo, aunque sea vivo, porque se lo merece, para pagar sus culpas que no son pocas; pero le asalta la duda de que realmente sea él, ya que, desde el agujero, mientras le llena la cara de paladas de tierra, le dice que se está equivocando. Así que echa marcha atrás en su plan y visita a unos colegas para que identifiquen al carcelero. En ese momento, frente a varios personajes, que también han sido torturados, discuten la forma de actuar. No están nada de acuerdo y recuerdan lo mal que lo pasaran con el cabronazo en prisión. La acción sigue con el arrestado metido en una caja dentro de una furgoneta, mientras lo piensan, pero una llamada inoportuna de la hija del preso los lleva a actuar diferente de lo que pensaban. La historia, por distintos motivos, da un giro y le sale la buena fe del buen samaritano de ayudar, aunque sea a un familiar que rodea a su agresor. Finalmente, le dirán en el careto toda la rabia que llevaban dentro y nunca lo pudieron decir. Vemos que los malos son horrorosos y los buenos nunca llegarán a igualar sus actos criminales y se les abre el corazón de bondad. Queda en la manga del guionista una sorpresa que nos puede dejar los pelos de punta. Bueno.



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