viernes, 10 de abril de 2026

Incontrolable


"Incontrolable" de Kirk Jones se inicia en una recepción de la reina. Ésta atiende a personal que va a condecorar o algo así. John, el protagonista, interpretado por Robert Aramayo (  mejor actor en los BAFTA 2026) se niega delante de su madre a participar en un homenaje, donde su majestad entrega unos premios de distinción. 



Sabemos poco de la historia que se inicia por el final, pero llegar hasta aquí supone un largo recorrido. Su madre lo convence a la fuerza y nada más entrar en el acto manda a paseo a la propia monarca. Se recalca que es una historia real como tantas veces, en este caso de un tipo llamado John Davidson, ( miembro de la orden Británica y condecorado por su lucha contra su enfermedad) que fue diagnosticado con síndrome de tourette ( trastorno del neurodesarrollo con movimientos involuntarios de tics, también pueden soltar palabras obscenas sin sentido y ahí es donde nos enteramos de ese personaje mandando a cagar en el careto de la reina) a los 15 años.  La trama se traslada a los inicios de esa persona cuando es un adolescente. Así, en el momento en que inicia la secundaria siente unas sensaciones extrañas como si no pudiera controlar sus impulsos, su cuerpo no responde o se porta raro. En fin, vemos un luchador por una causa que no siempre se considera de esta manera, pues en los premios BAFTA de este año 2026, tampoco se entendió su enfermedad, porque él, desde el público, gritó la palabra despectiva "nigger"  cuando apareció Michael B. Jordan para repartir uno de los premios, la cual cosa fue profundamente criticada en las redes por actores de este color que se quejaron profundamente de ese insulto. 



Para acabar, no deja de ser un drama chispeante que levanta las sonrisas de un muerto con sus salidas de tono. Así, su entrega final, la del personaje real,  está en curar la enfermedad o ayudar al otro que también la tiene. Destacable estreno.

Título original I Swear

Año                2025

Duración        120 minutos

País                Reino Unido

Dirección         Kirk Jones

Guion              Kirk Jones

Música            Stephen Rennicks

Fotografía       James Blann

Reparto           Robert Aramayo, Maxine Peake,

                        Shirley Henderson,Peter Mullan,

                        Scott Elis Watson, Steven Cree,

                         Ellie Mac Dowall, Paddy Towers,

                         Adam McNamara. Jamie Leary,

                         Jason Alan Staines.





El protagonista acaba de iniciar la secundaria y tiene una pasta porque reparte periódicos por las casas. Su destreza le da para eso y más. A las primeras de cambio, intenta ligar con unas chicas que se sientan con él en el comedor del instituto. Hasta aquí todo parece funcionar a la perfección, como un adolescente: juega al fútbol de portero y es un ídolo, en casa se le valora positivamente, incluso un ojeador de talentos lo visitará en el campo. Pero sin saber cómo, en clase de lectura, empieza a leer con cierta dificultad como un niño de cinco años. Pronto le aparecen los tics de la boca propios del inicio de la enfermedad y las persecuciones de los alumnos para cachondearse de esos movimientos. Cuando llega a casa sus padres le riñen por hacer esas muecas extrañas en la mesa. No podía faltar a la cita del cine con su compañera de clase, pero con la madre allí, delante, echando un ojo atrás. En ese momento suelta un grito exabrupto sexual asqueroso que medio cine se pone de pie. Eso es un inicio de una serie de improperios delante de autoridades del instituto. Ese comportamiento anormal lo traslada en su ámbito diaria, de tal manera que sus padres, el padre se pira de la familia por esa causa, se quedan defraudados de su comportamiento y lo castigan con gritos sin adivinar que realmente tiene una enfermedad  y por eso no puede contener sus impulsos. La historia da un salto de trece años, sabe su enfermedad e intenta llevar una vida normal. Es adoptado, por ser más empática que su madre real, por la de un amigo y le buscan curro para que se entretenga y no la líe más. Con trabajo, ya es hora de independizarse, pero solo, sin compañía, de esta manera, los peligros aumentan y se gana castañazos por algo que él no tiene culpa alguna. Finalmente, la sociedad que rodea al enfermo rechaza ese comportamiento, porque no sabe de su situación, pero ni siquiera los padres se preocupan por saber qué cojones le pasa a su hijo para que se porte de esa manera. Así, el chico pretende desaparecer por su cuenta ante la cantidad de problemas que genera a su paso. Siempre aparece una luz al final del pasillo.

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