lunes, 11 de mayo de 2026

Padre, madre, hermano, hermana




"Padre, madre, hermano, hermana", la última de Jin Jarmusch ( premio León de Oro en el Festival de Venecia 2025) nos arrastra hacia un conflicto familiar antes de empezar con tan solo el título de cabecera. En "Flores rotas" indagaba en las relaciones distantes entre marido y mujer y los diferentes ligues del hombre. En este caso, la historia, que se desarrolla en la montaña en una zona nevada, se arma por partes en el enfoque de los diferentes componentes de varias familias. 



Se inicia con el padre que vive en una casa rodeada de nieve. Los hijos en el coche hablan de la situación precaria de éste y lo que les cuesta asumir esa carga. Así, vemos a un anciano que ha amontonado cosas por la casa como por la vida, sin concierto ni orden, para dar lástima, pero la realidad esconde sorpresas.



La historia sigue con la madre, en el seno de otra familia, donde la estructura es la misma y otro lugar diferente. Ésta se encuentra en Dublín. Está cerca de recibir a sus hijas y les prepara una opulenta comida. La visita es relámpago sin saber apenas de qué hablar. 



 La siguiente sería hermana y hermano que se desarrolla en Francia y están algo colgados. Los padres han fallecidos en un accidente aéreo y visitan la casa familiar. Es curioso que se sienta más tristeza o humanidad en ese momento de vacío de no estar los padres que en el resto de la relación donde estaban presentes. Por lo tanto, dejar de existir, marca enormemente en los sentimientos humanos, pues los hermanos se sienten realmente dolidos. 



En las tres historias aparecen objetos como formas sólidas que no cambian: agua, café, té, mono patines como símbolos materiales y de permanencia. Finalmente, descubrimos los lados oscuros de los protagonistas y las obligaciones que se ven abocados en cuanto al trato cordial, pero por dentro van sus contradicciones que, en ocasiones, salen a la luz. Todas las relaciones son frías como si se tratara de auténticos desconocidos. Vemos que el recuerdo genera más dolor en el cerebro que la propia vida de los progenitores, es decir, la humanidad aparece cuando los seres ya no están o se encuentran distantes.

Título original Father Mother Sister Brother

Año                2025

Duración        110 minutos

País                Estados Unidos

Dirección         Jim Jarmusch

Guion               Jim Jarmusch

Música             Jim Jarmusch

Fotografía        Yorick Le Saux, Frederick Eimes

Reparto            Tom Waits, Charlotte Ramping,

                          Adam Driver, Cate Blanchett,

                          Vicki Krieps, Maylm Bialik,

                           Indya Moore, Luka Sabbat,

                           Françoise Lebrun.




Dos hijos acuden en coche al domicilio del padre. Hace tiempo que no lo ven y están realmente preocupados por su situación tanto por la edad como por su economía. Se preguntan si alguna vez ha trabajado por su pinta de colgado. De entrada, los dos se sacan trapos sucios familiares: su padre es un miserable que les pide dinero. Se meten puñaladas a las primeras de cambio: por eso se separó tu mujer de ti, dice la hermana. Llegan a la casa del padre un tanto extravagante con aficiones literarias especiales, de altos vuelos. Cuando vuelven comentan la jugada que si es un tipo raro, que los parientes no se eligen sino que te tocan. Buscan en el padre un reflejo, pero en este caso...,no lo encuentran. Sin embargo, Hay una contradicción en ese progenitor miserable: un rólex inesperado en su muñeca los pone un tanto moscas sobre su posible miseria. Así, vemos que todo es mentira para sacarles la pasta a los hijos, pues detrás hay una vida confortable. Es un auténtico jeta. Lo más probable es que sea un camello y viva como Dios. Luego sigue la historia, en otra familia diferente, con la madre de otras hijas. Se llevan muy bien, pero se reúnen una vez de uvas a peras. Una de las hijas es lesbiana, pero oculta su condición. Por tanto, la primera diferencia que observamos, en relación a la anterior, es la mentira entre familiares. Ella dice que está con un tío. No hay apenas comunicación en ese trío. La siguiente historia de hermanos gemelos, él un tanto porretas, ella, no. Se encuentran en la casa de los padres, donde vivieron la infancia y ahora está vendida, y aparece el vacío existencial de estos, escarban en los documentos y fotos de infancia. La putada es que no les han dejado nada de valor: ni piso, ni coche, unas cajas que arrastran de generación en generación, incluso de sus abuelos. Ellos no perdieron el tiempo en mirar estas mierdas, nosotros, tampoco, ¡a cascarla, a la basura! Finalmente, asistimos a un cúmulo de embustes que se gastan los personajes en aparentar lo que no son, es decir, lo que interesa es fardar de su condición o, en otros casos, aprovecharse como un vampiro de esas relaciones distantes y frías. Hay una conclusión que indica que el amor familiar se consolida después de la muerte. Habla de la juventud, de la mentira, de la vejez, de la muerte. Aspectos muy humanos en muchas ocasiones miserables.

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