Empieza con los pasos de un tipo con malas pulgas. Lleva un brazo en cabestrillo, por disimular, y en el otro una caja larga. Entra en unas oficinas con la intención de entrevistarse con el dueño de la empresa. No lo encuentra, pero el hijo da la cara por él. Se conocen de sobra, pues parece que han realizado trámites en esa sucursal. La idea es que quiere saldar viejas deudas. En la caja sospechosa esconde una escopeta que no tarda nada en descubrir y apuntar hacia el retoño del jefe. La historia se desarrolla por unas calles rellenas de nieve. La cinta combina imágenes reales en otro formato para darle mayor veracidad.
Para acabar, el personaje pretende que restauren sus diferencias económicas, que le paguen la pasta que le deben y que, después de amenazar al personal, le dejen marchar sin cárcel ni psicólogos, que me den lo que es mío, punto.
Título original Dead Man's Wire
Año 2025
Duración 104 minutos
País Estados Unidos
Dirección Gus Van Sant
Guion Austin Kolodney
Música Danny Elfman
Fotografía Amaud Poteir
Reparto Bill Skarsgard, Cary Elwes,
Dacre Montgomery, Al Pacino,
Colman Domingo, Myha Herrold,
Jordan Claire Robbins,
John Robinson, Joha N. Dixon,
Sean McBride, Casey Feigh.
El tipo que acaba de encañonar al jefe de una sucursal está muy nervioso. Le importa una mierda que lo descubran, de hecho llama a la policía para comentar su situación. Les ha contado su posición en que se encuentra y que le han jodido la vida. Es una empresa de préstamos, que lo han timado, durante cuatro años y lo van a pagar caro. Por tanto, no estamos ante un atraco, sino un ajuste de cuentas por el desprecio que le han causado los carroñeros de esa empresa. El tío no tiene ni un ápice de miedo y delante de la policía se lleva al rehén a punta de escopeta. Camina con el empresario por medio de la calle y el personal está acojonado, incluso un cura intenta disuadirlo para que baje el arma. Lo acerca a su casa, al patrón, y pretende hacer justicia por su propia mano, es decir, su ley es que si la empresa lo ha puteado durante años, que intente restaurar los daños. Busca salidas que la poli no le da. Por eso, llama a un famoso locutor de radio, que es su ídolo, para informarle por qué hace eso. En fin, el padre, dueño de la empresa pasa de disculparse de haberlo estafado, mientras se baña en una playa del caribe, se la suda que le peguen un tiro a su hijo. Solo falta una orden para que se acabe la historia: la policía tiene a tiro la cabeza del secuestrador, mientras las cámaras de televisión siguen grabando sin parar para el programa estelar del momento. Bueno: mucha paja y poco grano.



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