"Blue Sunt Palace" de Constance Tsang, que juega con la cámara situándola en lugares recónditos o mostrando variedad de acciones que muestran otros trabajos u otras vidas. La intención es la de filmar esos lugares donde malviven los personajes con trabajos precarios casi en guetos. Nunca aparece el país donde se encuentran, pero hay demasiadas pistas del suyo en la lejanía y la añoranza de él.
Se inicia en una cena en un restaurante chino. La pareja es de una edad mediana. Son orientales que flirtean con primeros planos de los dos. Da la sensación que se han conocido no hace mucho, pues en la conversación se explican sus vidas. Él, que la invita en un restaurante sencillo, comenta que ya está harto de los apestosos de su residencia. Ella, come con mucho gusto y muestra una sensibilidad amorosa propio de una relación inicial. La trama se desarrolla pausada con una conversación sobre sus vidas y futuros. Las ínfulas de prosperidad en un mañana que posiblemente no llegue jamás. En sus imágenes y sucesos se quiere mostrar la marginación de un colectivo fuera de su territorio. Se mastica constantemente la trama del abandono de su Tierra, que se encuentran en un país adverso a su cultura y que son tratados con desprecio y su tristeza nunca alcanzará metas futuras.
En fin, sueños de una pareja que piensa comerse el mundo, pero son castillos en el aire porque la realidad es bien distinta. Hay sensibilidad y amor presto a desaparecer, porque en el medio en que se rodean no puede durar la felicidad.
Título original Blue Sun Palace
Año 2024
Duración 117 minutos
País Estados Unidos
Dirección Constance Tsang
Guion. Constance Tsang
Música Sami Jano
Fotografía Norm Li
Reparto Wu Ke-xi, Lee Kangsheng,
Haipeng Xu, Janet Hsieh,
Lynn Xiong.
Una pareja de orientales que viven en Nueva York se han conocido hace poco y acaban su relación de una cena en la cama de ella. Han tonteado en un karaoke y buscaban enrollarse hasta el fondo. Se cuentan sus apetencias y particularidades con la intención de juntarse en pareja un día no muy lejano. Ella vive en un apartamento con una chica y es masajista de un centro de relax. Cuando se pensaba que la trama se iba a quedar en chismorreos de las chicas de la casa de masajes, un ladrón entra en el establecimiento y dispara su pistola, ante la negativa de entregar dinero, a su compañera. La parálisis de una de las chicas ante el atracador, por miedo a palmarla, le crea un trauma. El fatal suceso se queda penetrado dentro de esa chica por no ayudar y actuar en consecuencia, es decir que el remordimiento de cobardía la invade durante todo momento por no hacer nada por salvarla. Ese suceso desgraciado marcará el devenir del resto de sus días. Después de dejar a la chica en un estado de shock, se encuentra con la pareja de la fallecida, que curra de repartidor en un almacén, que quiere saber qué paso en el asesinato de su chica e indaga a la compañera para que le cuente el suceso. Aquella relación de amor inicial queda truncada para siempre y se abre otra del mismo tipo con la otra joven. Así las cosas, los personajes, lejos de su mundo cultural, se sostienen en un hilo de soledad. Quiere, la directora, mostrarlos fuera de su ámbito y en medio de un gueto por medio de las imágenes de locales cutres, trasteros interiores llenos de cachivaches y porquería que los rodea. Saltos del inframundo por medio del teléfono a distancia con sus familiares. Siempre habrá un cabrón u otro que les joda la vida. Finalmente, se desprende frialdad de unos cuerpos sin calor con ganas de caricias y humanidad, pero están inundados de hielo, puro témpano. Muestra la soledad de unos personajes marginales en un mundo marginal, alejados del suyo y de una felicidad que les resbala y se les escapa. No apta para los amantes del cine de acción y las sorpresas. Eso: vidas marginales.



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