Para acabar, da la sensación de que la ironía traspasa la raya de la realidad, pero no está nada alejada de la verdad, pues el humano se ha mimetizado con la máquina y es capaz de no sentir escrúpulos, empatía y menos compasión por el prójimo. La idea, a ratos, es buena, pero el guion va dando saltas de aquí para allí como un conejo en medio del monte perseguido por un perro. Quiere ser comedia, drama, ciencia ficción, thriller. Un batiburrillo de guion que al final no es nada de todo esto, no me convence; abandono.
Título original Good Luck, Have Fun, Don't Die
Año 2025
Duración 134 minutos
País Estados Unidos
Dirección Gore Verbinski
Guion Matthew Robinson
Música Geoff Zanelli
Fotografía Jim Whitaker
Reparto Sam Rockwell, Michael Peña,
Haley Lu Richardson, Juno Temple,
Zazie Beet, Dino Fetscher,
Asim Chaudhry, Stevel Marc,
Dominique Maher, Mike Gassaway,
Ethan Saunders, Gisela Coetsee,
Conrad Kemp.
La historia arranca con un tipo subido a un restaurante y amenazando a todo Dios que se mueva del asiento. Luego, retrocediendo en el tiempo, se adentra en un instituto, dentro de una clase, donde los alumnos están inmersos en las chorradas que suelta sus respectivos móviles, El profesor insiste sobre una lectura de Ana Karenina de Dostoyeski, pero no le hacen ni puto caso, ni se inmutan de despegar los ojos de la pantalla. En la sala de profesores se comenta si no hay una jodida ley que prohiba usar el móvil en la clase. Los adolescentes, siempre con el celular en la mano, no tienen respeto a los más adultos y los insultan, los vejan y se cachondean de ellos como si fueran dinosaurios extinguidos. Hay que reconocer que las clases son cementerios, los alumnos no quitan ojo de la pantalla y miran con pasión a sus seguidores de la red, mientras el profesor manda a tomar por culo el libro. En esa selección inicial de personal en el bar del loco por salvar el mundo hay una mujer que cuenta su vida y se traslada al instituto donde ha habido un tiroteo y ha fallecido su hijo, pero que no se apure que lo van a clonar. Así, vemos que la base argumentativa está en el típico bucle, que se vuelve cansino. Todo se resuelve tirando el tiempo hacia atrás, donde los protagonistas realizan las mismas acciones miles de veces. Finalmente, da la sensación de que el director pretende llevar ese tema caliente de un joven hipnotizado por el móvil hasta una zona imposible de volver atrás. Ya no existe remedio alguno para solucionar la enfermedad o el virus. Es un ir de aquí para allá sin mucha gracia que cansa, ya me contaréis el final.


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