"Urchin" de Harris Dickinson, también guionista y actor ( el joven de papeles de ricachón en "El triángulo de la tristeza de Ruben Östlund; becario que somete a su jefa a una pasión sexual en "Babygirl" de Halina Reijn), en este caso, la interpretación recae en Frank Dillane, porque igual él no daba el perfil de descamisado.
Plantea la situación de abandono de un joven marginal que pide en la calle unas monedas para comer. Se inicia con el chico tendido en la acera, se acerca a unos contenedores para rescatar una mochila escondida y emprende su ruta de pedigüeño. El mar de gente que lo rodea en ese lugar de Londres pasa olímpicamente de él. Es una marea humana, que cree que tiene dos manos fuertes para currar, que pasa junto a un fantasma que deambula por la calle. El director coloca la cámara en esa persona marginal con la intención de mostrar la precariedad de un sistema caducado, donde se abandona a aquellos que no están dentro del engranaje capitalista. En muchas ocasiones recuerda el cine protesta de Ken Loach ( "Yo, Daniel Blake", "En un mundo libre", "Mi nombre es Joe") con la trama puesta de cerca en esa escoria humana sin salida. En este caso, el director se coloca en la chepa del muchacho indigente, no conocemos el pasado, pero lo intuimos, para que nos apiademos de sus acciones, porque bastante ha sufrido ya en su desgraciada y corta vida.
En fin, en esas condiciones de marginalidad y supervivencia pronto se verá encerrado en la cárcel. Su trayectoria existencial pasa por el alcohol, la droga y la desgracia donde se perderá para siempre.
Título original Urchin
Año 2025
Duración 99 minutos
Dirección Harris Dickinson
Guion Harris Dickinson
Música Alan Myson
Fotografía Josee Deshaies
Reparto Frank Dillane, Megan Northam,
Diane Axford, Mural Erkek,
Moe Hashim, Shonagh Marie,
Amr Waked, Karyna Khymchuk,
Okezie Morro, Natasha Sparkes,
Oriana White.
El tipo indigente se siente rechazado allí donde se encuentre. No le hacen el menor caso o lo echan a patadas del bar donde ha pedido por compasión una carga del móvil. Así, vemos que es un nómada con su bolsa a cuestas que se traslada de un lugar a otro en busca de subsistencia. Huye de los azotes humanos. Se prepara su cama en cualquier lugar con cuatro cartones y un saco para no congelarse y ahí se queda toda la noche. Urchin es tan miserable que los mismos indigentes compañeros son capaces de birlarle la cartera y desplumarle la poca pasta que lleva, sin más. Así las cosas, está muy colgado, pero siempre hay un alma caritativa con voluntad de ayudar. Es el caso de una persona negra que lo quiere asistir para comprarle comida, pero en lugar de agradecerlo, en cuanto encuentra el momento propicio, le suelta el puño y le roba. La trena lo espera y, pese a que pronto sale, las asistencias sociales del país lo vigilan para controlar sus pasos y reformarlo en una persona del sistema. Aunque le advierten que el apoyo que recibirá será por unos días, porque él es joven sin discapacidades y se puede buscar la vida solo. Así, pasa la vida de chorizo, roba algo de aquí y otro poco de allá, pues es la vida que lleva encima, solapada, sin posibilidad de cambiar. Entra a currar en un hotel cutre y se lía con las camareras, también jóvenes, que se van de farra: karaoke, insultos a los transeúntes, trombos con el coche y juerga nocturna. Sin embargo, su cabeza no soporta su situación denigrante y brota su violencia hacia el exterior. La agresividad y la incomprensión lo arrastrará hasta las fronteras del abismo. En conclusión, el protagonista es sencillo de buen fondo que quizá pasó, no se cuenta, pero lo intuimos, una infancia desastrosa y la sociedad lo ha vertido hacia el estercolero junto con las ratas. La solución sería volver a nacer en otras condiciones, en otro mundo, pero eso es una fantasía del cerebro mientras dure.



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