"Tres kilómetros al fin del mundo" de Emanuel Parvu muestra la situación precaria de un matrimonio por no poder pagar una deuda en firme. El director quiere dejar claro que están pasando dificultades, por las cuales no podrán soportar ciertas presiones del pueblo. Allí vive un adolescente responsable y centrado en sus estudios. Posteriormente aparece una toma donde el joven mantiene una conversación en la noche con una chico que parece ser su amigo, porque le dice que se vaya con él a la ciudad. Este detonante sin importancia marcará el drama de la historia. Se produce una elipsis donde no sabemos qué ha ocurrido en un determinado tiempo, pero ese chico aparece en casa con una paliza en pleno rostro. Luego se traslada a la policía para denunciar los hechos violentos. Apreciamos los chanchullos que se lleva la policía con el padre del acusado que es el cacique adinerado del lugar.
Intentan por todos los medios minimizar la paliza y si es posible que quede relegada a la nada. Todavía más, se ensucia aquella relación del inicio con una posible relación homosexual. En fin, el padre del agresor le confiesa al policía que son unos depravados y que solo traen al pueblo drogas y perversión.
La historia se arma entorno al agredido que cada vez es más culpable sin realmente saber qué diablos ha hecho mal. La única salida es la de abandonar el lugar contaminado. Así, destaca el poder caciquil frente al indefenso homosexual.
Título original Trei Kilometri pana la
capatul lumii
Duración 105 minutos
Año 2024
País Rumanía
Dirección Emanuel Parvu
Guion Emanuel Parvu, Miruna Berescu
Fotografía Silviu Stavila
Reparto Ciprian Chiujdea, Laura Vasiliu,
Bogdan Dumitrache, Adrian Titieni,
Valeriu Andriuta, Ingrid Berescu,
Richard Bovnoczki, Vlad Brumaru,
Alina Berzunteanu, Radu Gabriel,
Vlad Ionut Popescu.
La paliza de un adolescente marca la acción de la trama. La policía, por mucho que asegura estar detrás de la pista de los culpables, da la sensación de que no moverá un dedo por descubrirlos. Se inician las interrogaciones pertinentes en la zona. El padre del agredido quiere ir directamente al grano y llegar a la casa del agresor para decirle cuatro cosas, en cambio, el policía necesita ir más despacio y contrastar las acusaciones con más testigos. En este punto, aparece el padre del agresor que intenta minimizar los acontecimientos con el policía y de paso le comenta que intente paralizar el informe para que no llegue a las altas esferas. Es decir, ralentizar los acontecimientos y con un poco de suerte el informe se pierde por el camino. Por lo tanto, estamos ante el cacique del pueblo o poderoso que impondrá su influencia sobre el agredido de condición social baja, porque su hijo está implicado en la agresión. La confesión del adolescente agresor se detiene en un motivo liviano: los dos jóvenes reunidos tenían un comportamiento raro en mitad de la calle. Acaba confesando los motivos reales de la agresión: "porque se lo follan por el culo". A todo esto, el tipo poderoso intenta convencer mediante chantaje que si paraliza la denuncia le podrá conseguir la jubilación anticipada al policía. Por lo tanto, la jauría de una sociedad un tanto cerrada se volverá contra el joven agredido, incluso sus padres se sitúan en una posición contraria a sus intereses y es incomprendido. Ante la tozudez de visitar al cura, con la iglesia hemos topado, sus propios padres lo amordazan y lo llevan ante el párroco para realizar una ceremonia poco menos que anti satánica para curarle los desvíos homosexuales. Por una llamada telefónica entra en juego servicios sociales que investigará el caso con detalle. Para acabar, plantea el poder del mafioso con influencia en el pueblo que conseguirá dinamitar la tranquilidad de la casa del pescador humilde. Lo de siempre: el dominante machaca al pobre hombre desesperado de deudas. La tensión dramática sigue en medio de una fuerte religiosidad y un componente rural que obliga a los padres a callar la boca de su hijo para siempre de una brutal paliza.



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