Si llamamos meta literatura a los libros que hablan de literatura, por poner el ejemplo más clásico en "Don Quijote de la Mancha" del gran Miguel de Cervantes, donde los propios personajes hablan de sí mismos como si fueran reales y comentan cómo les fue en la primera parte. Aquí podría adaptarse en términos de "metacine" donde se habla del propio rodaje.
Pues ruedan una película y se ven las tripas de la grabación. Ese es el inicio de "Un actor malo" de Jorge Cuchi donde los actores hablan fuera de las acciones cinematográficas, lo que sería más conveniente o no mientras se graba una escena de sexo.
Si hacerlo en serio, le daría un plus de veracidad, pero la actriz, interpretada por Fiona Palomo, de la escena está en contra, pues cree que es justo lo contrario, ya que la han contratado para actuar y que parezca real no para consumar el acto sexual. Esa es la virtud del intérprete: dar veracidad a algo que es mentira. Esta conversación, en principio intranscendente y tomada de cachondeo, será el hilo conductor del tema de la cinta, pues mientras se desarrolla la escena de sexo, el actor parece que no ha podido contenerse y ha sobrepasado los límites del acto ficticio. Hay una cierta conexión con la película "El legado" de Lisa Mulcahy, en otro ambiente y otra época, donde en una noche de juerga en la oscuridad se produce una violación con unas consecuencias letales sobre la víctima. En este caso, la acción posterior a la toma de sexo se va encabronando hasta límites inimaginables. En fin, el desliz sensual y sexual del actor, interpretado por Alfonso Dosal,
no consentido ha creado en la chica un estado traumático difícil de superar y quiere denunciar a las autoridades. El director y guionista se decanta por un final violento y como jueces populares serán los radicales de las redes sociales que impondrán su veredicto y ellos mismos ejecutarán sentencia y castigo: muy comedido al principio y al final desmadre.
Título original Un actor malo
Año 2023
Duración 129 minutos
País México
Dirección Jorge Cuchi
Guion Jorge Cuchi
Fotografía José Casillas
Reparto Alfonso Dosal, Fiora Palomo,
Karla Koronado, Gerardo Trejoluna,
Érick Israel Consuelo,
Juan Pablo de Santiago.
La acción se desarrolla en el set de rodaje de una película. Los actores ensayan las escenas que se grabarán al tiempo que intercambian conversaciones de la vida cotidiana. Llega la escena de sexo donde "tropecientas" cámaras están encima de los actores desnudos. Se supone que, ante tanto personal y con la profesionalidad de los actores, la escena puede realizarse como otra cualquiera. De hecho, en la cama, hablan de cosas intranscendentes, pero en este caso no sucede así y , mientras realizan el acto sexual, ocurre una penetración mientras ruedan, lo que causa un conmoción a la actriz. Ella se considera violada y, por ello, lo denuncia ante sus compañeras de rodaje. Esto implica decírselo al director, parar el rodaje, hablar con un abogado, porque con el actor, ni pensarlo. El director no lo ve claro, se le cae el mundo encima y su película también, ahora no puede parar. Por eso, quiere hablar personalmente con el actor, pretende minimizar el hecho que se calmen el grupo de mujeres exaltadas y, si es posible, iniciar de nuevo el trabajo. El actor lo niega, así se cruzan opuestas una palabra contra la otra. Está en juego el prestigio moral de ella y el mundo de él se derrumba, pues con esa acusación se caen toda su proyección actoral. Además, tiene un matrimonio y un hijo que quedarán manchados. Así pues, se crean dos bandos, de un lado, dos chicas que son cómplices de la actriz de la violada y , de otro lado, los hombres, director y actor que niegan los hechos y están completamente impactados. Todos tiran de la cuerda hacia su parte sin ceder ni un milímetro. Ella que ha accedido carnalmente a un lugar íntimo en contra de su voluntad; él que no ha hecho nada, quizá un desliz sin apenas darse cuenta: un patinazo sin quererlo. Llegados los abogados al set, la parte del tío, no se acaba de entender por violación en el caso de que no se produzca violencia física o moral que en este caso consideran que no la ha habido. Asimismo, la abogada, defensora de él, vista la filmación de la escena, culpa a la víctima, porque no ha sido capaz de gritar ni alertar de tal penetración en el momento en que sucedía, así pues no le da crédito a la confesión, pero ella alude que pasó todo muy rápido. Por lo tanto, hay un vacío legal de las leyes, puesto que este acto ha creado una crisis de ansiedad a la chica y no está nada claro que se trate de una violación. Posteriormente, en una charla entre los dos, él confiesa que le pidió permiso y que no le pegó ni la golpeó, luego entiende, como machito que es, que eso no se puede considerar violación. Sin embargo, ella, se defiende y dice que no dio su permiso y además ha tenido una crisis que no le permite admitir el perdón y por mucho que le fastidie, lo va a denunciar, se ponga como se ponga. La solución final: una compañera cuelga las imágenes en la red y se lía a lo bestia porque el jurado vandálico de las redes se tomará la justicia con sus propias manos. En definitiva, en ese habitáculo donde se ha producido el incidente se crea una tensión casi incontrolable entre los dos grupos donde los nervios salen descontrolados. Se busca un final impactante y violento que choca con lo que se ha visto hasta entonces.




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