El protagonista, Chiwetel Eliojor, no tuvieron bastante con enfundarlo en el papel de esclavo con la terrorífica "12 años de esclavitud" que ahora le dan otro más espantoso. Tiene una tienda de muebles antiguos que no tira cara al aire de deficitario, donde vive de malas maneras. Allí pasa todo su tiempo.
Necesita una psicóloga, interpretada por Renate Reinsve ( "La peor persona del mundo" de Joachin Trier), que le alegre la existencia. La historia pretende acercarse a los videojuegos con pruebas para pasar pantallas. Mantiene muchas similitudes con "Éxit 8" de Genki Kawamura ( pero menos agobiante, porque el tipo que nos ocupa sale y entra de esa estancia encantada) que se desarrollaba dentro de una estación de metro. Aquí se producen unos poderes especiales de traspasar paredes como ocurría en "Ghost. Más allá del amor" de Jerry Zucker y P.Swayze atravesando lo que se le ponía por delante, también recuerda en parte de "12 monos" de Terry Gilliam. La estancia en ese sitio de ficción está grabada con la cámara en mano para darle mayor realismo y con un formato cuadrado y cuando cambia de formato es la realidad. Es como meterse en el castillo de los horrores donde se cargan a las personas que entran allí.
Finalmente, es un pobre hombre que llevado por el empuje de conseguir una vida mejor sin tantas preocupaciones se ha metido en un laberinto de ficción, para salir de su realidad de empresario de un negocio cutre. Mantiene en tensión sin necesidad de monstruos, pero con un final que te deja con cara de tonto.
Título original Backrooms
Año 2026
Duración 110 minutos
País Estados Unidos
Dirección Kane Parsons
Guion Kane Parsons, William Bromell
Historia Kane Parsons
Música Edo Van Breemen, Kane Parsons
Fotografía Jeremy Cox
Reparto Chiwetel Ejiofor, Finn Bennett
Renate Reinsve, Lukita Maxwell,
Mark Duplass, Avan Jogia,
Krista Kosonen,Philip Granger.
La historia parte de una realidad donde un personaje con poca proyección encuentra una espacio en la pared de su negocio que lo lleva a otra dimensión. Es decir, en ese lugar, alejado de la realidad y repleto de paredes, está lleno de habitaciones que conducen a ninguna parte. En ese sitio de paredes amarillas y plafones cuadrados de luz en el techo se encuentra con una situación infinita. Por eso, hace una marca en la pared de entrada, para no perderse, la puerta de retorno. La idea es la del juego de moda de "escape room" donde el protagonista se va encontrando pistas que debe pasar: un cable, una trampilla con una bolsa, restos de objetos o muebles esparcidos o amontonados sin sentido. De esta manera, accede a un laberinto sin fin de puertas, paredes que no llegan a ninguna conclusión clara. Meterse de lleno en una ficción de pesadilla sin fin es mucho peor todavía que su mierdoso despacho. Así las cosas, ese descubrimiento de entrar en otra dimensión se lo cuenta a su psicoanalista, la cual, por su cara, da a entender que está completamente chalado, como un cencerro. Por eso, quiere agenciarse a unos vecinos y grabar unas pruebas que confirmen que no está loco. El tipo se queda metido ahí en ese mundo ficticio con una especie de monstruos. Es la otra realidad, donde viven seres al margen de lo real. Su doctora, pasado el tiempo, al no tener noticias suyas, se introduce por la puerta misteriosa y comprueba que las cosas increíbles que le contaba su cliente eran ciertas. Para acabar, la intriga consiste en cómo coño terminará ese ser que se ha metido en la boca del lobo en un lugar irreal mucho peor del de antes. Así pues, la aventura se traslada hacia esas paredes estrechas que nunca se sabe dónde terminarán. La vida en otra dimensión puede ser más denigrante que la propia y cutre que está sosteniendo el personaje. El final mantiene, pero deja mucho que desear.




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