Jeremie, interpretado por Félix Kysyl, regresa a su pueblo natal para asistir a un entierro de su antiguo jefe, el panadero.
Hablamos de "Misericordia" del director Alain Guiraudie ( Seminci Espiga de Oro y mejor guion en el festival de Valladolid de 2024).El tipo se encuentra en horas bajas ya que ha dejado una relación con una pareja y pretende quedarse en el pueblo algún día. Su estancia la va a pasar en la casa de la viuda y da la sensación que con el fallecido había algo más que una relación laboral.
Ese lugar de alta montaña oculta unos personajes cerrados de mentes y muy particulares. El odio que genera ese tipo en la persona del hijo del panadero es enorme de tal manera que lo obliga a desaparecer de la casa de su madre cuanto antes. Las amenazas continúan y se produce un crimen del cual los espectadores están al corriente, pero los personajes de la acción, no. Sobre todo, cuando aparece la figura de un cura que manifiesta unas predilecciones especiales hacia el asesino. Ahí se inicia el drama de ese ambiente cerrado, contaminado.
En fin, se plantea el abandono de los pueblos y su desertización, en este caso es la panadería, pero en otros ocurre con la carnicería, el colegio y su desaparición por falta de ciudadanos que lo habiten. Muestra unos habitantes encerrados en su propio mundo sin posibilidades de abrirse camino hacia otras fronteras.
Título original Misericorde
Año 2024
País Francia
Duración Alain Guiraudie
Guion Alain Guiraudie
Música Marc Verdaguer
Fotografía Claire Mathon
Reparto Félix Kysyl, Jacques Develay,
Catherine Front, David Ayala,
Jean-Baptiste Durant,
Sebastien Faglain, Salomé Lopes,
Tatiana Spivakova,
Serge Richard.
El personaje principal, que acaba de llegar a su pueblo natal con la excusa de asistir a un entierro del panadero, se encuentra con la oportunidad de dar un vuelco a su vida. En la ciudad ha dejado una relación de pareja muerta- por lo que sucede después apreciamos que su sexualidad está indecisa- y no encuentra motivos para volver, ya que plantea descubrirse y salir del armario con su homosexualidad por delante. Por eso, se plantea el negocio de abrir la panadería que estaba cerrada durante unos meses, pues el dueño, antiguo amante suyo, la ha palmado. Sin embargo, es un proyecto sin porvenir por los cuatro gatos que viven allí. La puesta a punto del negocio no será tan sencilla, pues el hijo de la viuda es un matón tarado que le pondrá las cosas difíciles. La situación entra en un punto de violencia, ya que éste ve que el intruso pretende ocupar el lugar de su padre fallecido recientemente y esto no lo va a consentir tan fácilmente. Sin embargo, hay una confesión del recién llegado donde indica que le gustaba el panadero fallecido que trabajó con él y nunca se lo dijo, la cual cosa mantiene confundido al hijo violento que se piensa que quedándose en casa de su madre lleva la intención de tirársela. Así, el conflicto entre los dos, el hijo y el intruso que ocupa la que antes fue su habitación de infancia, llega a las manos y la pelea termina con un fiambre. A partir de aquí, la situación se complica sin salida alguna para el asesino. Ante la desaparición del hijo del panadero, entra en juego el cura que dice saber quién es el asesino como el espectador y en una confesión con él, le da consejos para que actúe de una manera u otra; incluso deja ver que está de su parte. Siguen las pesquisas de la policía y se siente acorralado. Le faltaba una coartada convincente ante la policía, pero llega el cura y le salva el culo comentando que pasó la noche con él. Finalmente, la inestabilidad de un tipo que no acaba de disipar sus dudas en el aspecto sexual comete el impulso de liquidar a una persona que le molesta y le causará su perdición. Sin embargo, un cura emisario de la fe de Dios, un tanto salido, salva el alma del criminal en un acto de ayuda muy personal, por amor carnal. Pues bueno.




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